Como Allestad no ha pasado a recoger su premio (¡lo siento!), voy a sortear de nuevo el libro. A ver si esta vez hay más suerte.
Y el ganador es...
V de Vane

¡Felicidades! Ya sabes que tienes un par de días para reclamar el premio.


Quizá deberíamos comentar un poco el concepto de lo sublime -otro tema que me ha obsesionado bastante tiempo-, no sólo para entender mejor la pintura de John Martin, sino también para comprender un poco más el arte romántico. Lo sublime no es un concepto que debamos relacionar con la razón: hace referencia a una sensación que supera lo normal; lo sublime es desproporción, exceso, exageración; se encuentra en la forma ilimitada. En estética, este término hizo fortuna en el siglo XVIII, aunque ya había aparecido en el siglo III en una obra de Pseudo-Longino, "Sobre lo sublime". A partir de ese momento, cuando las ideas de la Ilustración empezaron a desmoronarse, se recuperó el concepto de lo sublime y, sobre todo, se lo relacionó con el de la belleza. Fueron, principalmente, Edmund Burke -"Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de lo bello" (1756) e Immanuel Kant los que debatieron con más intensidad esta relación de términos. Burke vinculó lo sublime con la grandeza y la intensidad. La belleza implicaba quietud; en cambio lo sublime implicaba dinamismo. Por ejemplo, una luz extremadamente fuerte se relaciona con lo sublime porque hace desaparecer las formas. También es una experiencia sublime cuando se pasa de un ambiente con mucha luz a uno con una oscuridad absoluta, ya que, como nos conmociona, es sublime. No obstante, ha de proporcionarnos una reacción de placer, antes o después del suceso. Si estoy en una situación terrorífica, tan sólo experimentaré terror: en las pinturas de Friedrich, como en el "Caminante ante un mar de niebla", el protagonista se ve superado por la inmensidad de la naturaleza; pero eso no le proporciona terror, sino placer e inquietud ante esa inconmensurabilidad; se siente impotente ante ese poder. Contrariamente, la belleza se define por la proporción, la simetría y la medida en las formas. Esta idea la podemos encontrar bien explicada en las teorías de Winckelmann, historiador del arte del siglo XVIII: para él, la belleza absoluta se encontraba en la escultura griega antigua, porque había perfección, idealización y proporción.
En definitiva, podríamos definir lo sublime con los términos grandeza, gravedad y dinamismo. Y es precisamente eso lo que encontramos en las pinturas de John Martin. Fue educado en un ambiente extremadamente religioso -su madre era una ferviente protestante- que influyó en su posterior producción pictórica, la gran mayoría de temática bíblica -son frecuentes las imágenes de condenación y salvación, como su extraordinaria trilogía del día del juicio final, compuesta por The Great Day of His Wrath, The Last Judgement y The Plains of Heaven-. Aunque sus inicios fueron difíciles, acabó consiguiendo una extraordinaria fama: la arquitectura ecléctica y grandilocuente que solía utilizar -una especie de mezcla egipcia, babilónica y griega-, fascinaba a sus contemporáneos. También sus efectos de luz, la vastedad de sus composiciones y la angustiante atmósfera producían en el público una sensación opresiva y abrumadora. Todo ello no hacía más que responder al clima social y cultural de la época: el ambiente revolucionario que se vivía en Europa, el nacimiento de la industria y el estricto orden social establecido, la explotación colonial y la esclavitud; la insalubridad de las ciudades y las diversas epidemias de cólera que tuvieron lugar en Inglaterra; todo ello unido a la superstición, al sentido de lo apocalíptico, al desastre, al gusto por la profecía y lo sobrenatural -eran muy famosos los espectáculos de fantasmagorías, donde los juegos de luces provocaban la aparición de espectros-. No es de extrañar, entonces, que las obras de John Martin tuvieran tanto éxito, porque respondían a las inquietudes de su tiempo. Para más información sobre su vida, os dejo con un pequeño resumen extraído del "Diccionario de arte", de Ian Chilvers:
Fonthill Abbey
The Fall of Babylon
The Courts of God
Satan Presiding Over the Infernal Council
The Bridge Over Chaos (from Paradise Lost)
The Seventh Plague of Egypt