Impresionistas: maestros franceses de la colección Clark

11/23/2011 Beldz 4 Comments


Si hace algunos años me hubieseis preguntado cuál era uno de mis movimientos pictóricos favoritos, sin duda no os habría dicho el impresionismo. También es cierto que aún estaba definiendo mis preferencias, y no tenía muy claro qué era lo que me gustaba realmente. No sé cómo fue que empezó a llamarme la atención uno de sus miembros más importantes: Claude Monet. A partir de ahí, al contemplar sus paisajes, tan luminosos y coloridos, tuve la sensación de que aquello se convirtiría casi en una pasión. Y así fue. Pero no sólo lo sentí por el pintor de Giverny, sino también por aquellos que le ayudaron a transformar la pintura a mediados del siglo XIX: Manet, Renoir, Sisley, Pissarro, Degas... y por aquellos que le influenciaron en sus inicios: Jongkind, Boudin y los miembros de la escuela de Barbizon, como Corot, Rousseau o Troyon.

Todos ellos tienen su representación en la exposición "Impresionistas: Maestros franceses de la colección Clark", que estos meses tiene lugar en el Caixaforum de Barcelona (del 17 de noviembre de 2011 al 12 de febrero de 2012) y que ha sido realizada conjuntamente con el Sterling and Francine Clark Art Institute (Williamstown, Massachusetts). Para ilustrar mejor lo que podéis encontraros en ella, os copio la descripción del folleto informativo -resume muy bien el contenido de la exposición-. Si tenéis oportunidad de verla, no os la perdáis. A mí me ha parecido magnífica.

Théodore Rousseau - Granja en las Landas (1867)
Corot - Castel Sant'Angelo (1840)


"En abril de 1874, se celebró en el estudio del fotógrafo Nadar, en el Boulevard des Capucines de París, la primera exposición de un grupo de pintores que habían sido rechazados en el Salón Oficial: los impresionistas. El arte europeo entraba en una etapa marcada por una serie de cambios vertiginosos que, en pocos años, llevaron a prescindir de la apariencia, los colores naturales, el tema y la perspectiva, los elementos que, des de el Renacimiento, habían caracterizado la representación pictórica.

Cuando Sterling Clark se instaló en París, en 1910, algunos de los protagonistas de esta revolución pictórica aún estaban en activo. El 1916, Clark adquirió el cuadro "Joven haciendo ganchillo" de Auguste Renoir, atraído por el uso del color y la sensualidad de la imagen femenina. Fue el punto culminante de una pasión que le condujo a reunir una extraordinaria colección de obras de pintura francesa del paso del siglo XIX al XX: Clark no compartía el espíritu iconoclasta propio de muchas de las manifestaciones del arte contemporáneo, sino todo lo contrario, buscaba la continuidad entre las creaciones del pasado y del presente. Las obras que adquirió, principalmente de la primera etapa del impresionismo, convivían con los antiguos maestros y también con la pintura inmediatamente anterior, sin rupturas.

Corot - Bañistas en las islas Borromean (1870)
Monet - Calle de Sainte-Adresse (1867)


Pissarro - Saint-Charles, Éragny (1891)
Monet - Ocas en el arroyo (1874)


Monet
Acantilados en Étretat (1885)

Campos de tulipanes en Sassenheim (1886)


Pissarro
Camino a Versalles en Louveciennes (1870)

Camino. Efecto de lluvia (1870)


Renoir
Bahía de Nápoles, anochecer (1881)
El puente de Chatou (1875)

Esta ex
posición presenta las obras maestras de la colección de pintura francesa del Sterling and Francine Clark Art Institute, de Williamstown, Massachusetts. Para empezar, reconstruye el camino que condujo al impresionismo, cuando un grupo de pintores -Camille Corot, Jean-François Millet, Constant Troyon y Théodore Rousseau- decidieron retirarse al bosque de Barbizon, cerca de Fontainebleau, para poder pintar al aire libre. Tradicionalmente, el paisaje había sido el telón de fondo de escenas mitológicas o religiosas. Los artistas de la escuela de Barbizon lo hicieron pasar a un primer plano y establecieron una relación de intimidad con él, como si se quisieran fundir con la naturaleza.

Renoir - Venecia, el Palacio Ducal (1881)
Degas - Antes de la carrera (1882)


Daumier - Los coleccionistas (1863)
Sisley - Orillas del río Sena en By (1881)


Degas - Bailarinas en clase (1880)

Los impresionistas siguieron rápidamente sus pasos. Las primeras composiciones de Claude Monet, Gustave Caillebotte o Alfred Sisley aspiran a retener la impresión de un momento del día, de forma magnificente y suntuosa, a través de los efectos de la luz y del color. Hacia 1880, el impresionismo vive un momento de plenitud con la obra de Monet, quien lleva hasta las últimas consecuencias la búsqueda de la belleza. El cuadro es el resultado de la superposición de pinceladas individuales que crean el efecto de una explosión de luz; el punto de fuga desaparece y el paisaje se convierte en el objeto de una meditación trascendente. Los impresionistas también renovaron la pintura de interior y el bodegón. Escogieron temas sencillos vinculados a la vida cotidiana, al campo o a la ciudad y los retrataron como nadie lo había hecho hasta entonces: con una pincelada vibrante que recrea el efecto de la luz natural sobre la superficie de las cosas.

Giovanni Boldini
Muchacha haciendo ganchillo (1875)

Al cruzar la calle (1875)


Alfred Stevens
Recuerdos y remordimientos (1874)

La duquesa (El vestido azul) (1866)


Sisley - Cesto con manzanas y uvas (1881)
Morisot - Dalias (1876)


Renoir - Cebollas (1881)

Renoir fue la gran pasión de Sterling Clark, quien reunió treinta y nueve pinturas de este artista -desnudos, escenas de la vida moderna, retratos, autorretratos, paisajes y naturalezas muertas-, dedicando una especial atención a la primera etapa de su producción, entre 1874 y 1880, la más vinculada al impresionismo. Todas estas búsquedas conviven con el arte de los pintores académicos, quienes ponían sobre la tela temas convencionales: obras históricas, religiosas, mitológicas y retratos de personajes importantes. Para Sterling Clark, cualquier arte podía ser bueno en su categoría. Por eso, en su colección, las obras maestras de los pintores impresionistas conviven con las obras de los mejores pintores formados en la Academia de Bellas Artes de París.

Bouguereau - Desnudo sentado (1884)
Jean-Léon Gérôme - Mercado de esclavos (1866)


Jean-Léon Gérôme
Encantador de serpientes (1879)

Campesinas egipcias recogiendo agua (1875)


Renoir
Palco en el teatro (En el concierto) (1880)

Marie-Thérèse Durand-Ruel cosiendo (1882)


Renoir - La carta (1900)

En la parte final del recorrido se pone de relieve la aportación de los pintores postimpresionistas: de Honoré Daumier a Henry Toulouse-Lautrec, de Edgar Degas a Pierre Bonnard y Paul Gauguin. Colores claros y luminosos, que no siempre coinciden con los colores reales, y una concepción bidimensional del espacio al margen de las leyes de la perspectiva. Sterling Clark convirtió su pasión personal en un patrimonio colectivo. En 1955, creó su propio museo en Williamstown, en el estado de Massachusetts, que actualmente es un centro de referencia para los amantes de la pintura, con salas de exposiciones y centro de investigación y enseñanza superior".

Renoir
Muchacha dormida (1880)

Bañista rubia (1881)


Renoir
L'Ingénue (1874)

Mujer con abanico (1879)

Morisot - El baño (1886)
Carolus-Duran - El jardinero del artista (1893)


Tolouse-Lautrec
Carmen (1884)

La espera (1888)


Gauguin - Muchacha cristiana (1894)
Bonnard - Mujeres con perro (1891)


Visita a Collioure

11/05/2011 Beldz 5 Comments


Collioure
es un pueblecito costero situado en la región del Languedoc-Roussillon (sur de Francia). Históricamente, perteneció al Reino de Mallorca, creado por Jaime I el Conquistador en 1231, y que comprendía los condados del Rosellón y Cerdaña, algunos territorios de Occitania y las Islas Baleares. No obstante, en Collioure no sólo se encuentra el encanto medieval: a principios del siglo XX, la localidad atrajo, por su intensa luz y colorido, a dos conocidos pintores, Matisse y Derain -representantes del movimiento fauve-, que la inmortalizaron en sus cuadros. Y también los literatos se fascinaron por ella: Antonio Machado y Patrick O'Brian, enterrados en el cementerio de Collioure, vivieron aquí buena parte de su vida. Por su aire medieval y pintoresco, Collioure es actualmente un lugar muy turístico, y de visita imprescindible si os gusta la región y el arte del sur de Francia.

Calles pintorescas
(como se puede apreciar en la primera imagen, Collioure está lleno de galerías de arte y ateliers)

Casas típicas del centro más turístico
Iglesia de Notre Dame des Anges

Vistas de la playa y el paseo principal
(en la segunda imagen, se aprecia el Château Royal, a la derecha, y el Fort Saint Elme, al fondo)

Playa y paseo principal
La chapelle Saint Vincent

Vistas del Château Royal

Vistas de la playa
(para ilustrar un poco más esas dos imágenes, me gustaría enseñaros dos bonitos cuadros: "Barcas en Collioure", de André Derain, y "Vista de Collioure. El campanario", de Henri Matisse")

Collioure se puede visitar en pocas horas. Puedes alargar la estancia tomando alguna cosa al aire libre, cerca de la orilla del mar, si el tiempo acompaña. En mi opinión, el atractivo principal de la localidad, a parte de las típicas calles totalmente pintorescas -al estilo de Carcassonne- con tiendas artesanales, es el Castillo Real. Construido sobre restos romanos -el primer edificio data de 673-, no fue hasta el siglo XIII, coincidiendo con la creación del Reino de Mallorca, cuando se convirtió en residencia real. Su posición era estratégica: Collioure se había convertido en el primer puerto del Rosellón y era lugar de encuentro de diversas rutas comerciales. Con el tiempo, su apariencia fue modificándose, pues los progresos en la artillería requerían un edificio mucho más fortificado. Quizá la remodelación más importante la llevó a cabo el ingeniero militar Sébastien Le Preste, marqués de Vauban, que fortificó el antiguo castillo -también reforzó las murallas del Palacio de los Reyes de Mallorca, en Perpinyà, entre muchos otros castillos y fortalezas de Francia-.

Vista del castillo desde el exterior
Entrada del castillo

Vista de la playa desde el castillo
Vista desde el castillo

Otra puerta de acceso al interior del castillo
Vistas desde el castillo
(en la imagen se puede apreciar un marco, situado en un punto estratégico, que enmarca algun lugar bonito de la localidad. En este caso, el faro. Hay diversos marcos -creo que doce en total- esparcidos por todo Collioure, obra del artista Marc André De Figueres)

Foso
Pozo situado en el patio de armas

Vistas del patio de armas
(en la primera imagen se puede apreciar el donjon)

Vistas de Collioure desde el castillo
(en la primera imagen se puede ver el Fort Saint Elme)

El patio de honor, o cour d'honneur, que conduce al donjon

Para disfrutar de unas excelentes vistas de Collioure y de sus alrededores, lo mejor es subir hasta el Fort Saint Elme. Para ello, os tenéis que dirigir hasta Port-Vendres y desde allí coger una muy mala carretera hasta la cima de la montaña. Pero la visita vale mucho la pena. Este fuerte fue construido en tiempos de Carlos V, en 1583. En este lugar, existía con anterioridad una torre, integrada en un sistema defensivo más amplio, que comunicaba con otras torres más alejadas. Carlos V, así pues, decidió construir la fortificación alrededor de esta torre, constituyendo así un lugar fuertemente protegido e imponente. Nuevamente, fue el marqués de Vauban el que mejoró su dispositivo defensivo en 1680. Actualmente, el fuerte puede ser visitado, pero no libremente: cada hora hay visitas guiadas en francés que proporcionan un escueto, pero interesante recorrido. En su interior, reformado y restaurado, se exhiben armaduras, armas, cascos y paneles informativos sobre su historia.

Vistas de Collioure desde el Fort Saint Elme

Fort Saint Elme

Fort Saint Elme

Interior (armadura / mueble-biblioteca)

Interior (comedor / armas)

Interior (armas)
Vista exterior

Collioure es un lugar precioso, que os recomiendo visitar -mejor si es en un día soleado- si alguna vez pasáis por allí. Y también por su carácter pintoresco os recomiendo Céret -no demasiado lejos de Collioure-, donde está muy asociada la figura de Pablo Picasso. No es de extrañar que los pintores de finales del siglo XIX y de principios del XX sintieran admiración por ese rincón tan luminoso de Francia. Yo también he acabado fascinada por él.