John Martin: sublime apocalíptico

9/01/2011 Beldz 6 Comments


Si ahora mismo me preguntarais de qué pintor estoy más obsesionada, os diría, sin duda, que de John Martin (1789-1854). No recuerdo cómo, ni a través de qué fuente lo descubrí; sólo sé que cuando vi por primera vez La destrucción de Sodoma y Gomorra me impresionó muchísimo. Me asombró esa pincelada enérgica, característica del pintor, para reflejar la sensación de caos y desolación que el tema requería. Y es que las pinturas de John Martin son una clara muestra de lo sublime y de lo apocalíptico en el arte.

Quizá deberíamos comentar un poco el concepto de lo sublime -otro tema que me ha obsesionado bastante tiempo-, no sólo para entender mejor la pintura de John Martin, sino también para comprender un poco más el arte romántico. Lo sublime no es un concepto que debamos relacionar con la razón: hace referencia a una sensación que supera lo normal; lo sublime es desproporción, exceso, exageración; se encuentra en la forma ilimitada. En estética, este término hizo fortuna en el siglo XVIII, aunque ya había aparecido en el siglo III en una obra de Pseudo-Longino, "Sobre lo sublime". A partir de ese momento, cuando las ideas de la Ilustración empezaron a desmoronarse, se recuperó el concepto de lo sublime y, sobre todo, se lo relacionó con el de la belleza. Fueron, principalmente, Edmund Burke -"Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de lo bello" (1756) e Immanuel Kant los que debatieron con más intensidad esta relación de términos. Burke vinculó lo sublime con la grandeza y la intensidad. La belleza implicaba quietud; en cambio lo sublime implicaba dinamismo. Por ejemplo, una luz extremadamente fuerte se relaciona con lo sublime porque hace desaparecer las formas. También es una experiencia sublime cuando se pasa de un ambiente con mucha luz a uno con una oscuridad absoluta, ya que, como nos conmociona, es sublime. No obstante, ha de proporcionarnos una reacción de placer, antes o después del suceso. Si estoy en una situación terrorífica, tan sólo experimentaré terror: en las pinturas de Friedrich, como en el "Caminante ante un mar de niebla", el protagonista se ve superado por la inmensidad de la naturaleza; pero eso no le proporciona terror, sino placer e inquietud ante esa inconmensurabilidad; se siente impotente ante ese poder. Contrariamente, la belleza se define por la proporción, la simetría y la medida en las formas. Esta idea la podemos encontrar bien explicada en las teorías de Winckelmann, historiador del arte del siglo XVIII: para él, la belleza absoluta se encontraba en la escultura griega antigua, porque había perfección, idealización y proporción.

En definitiva, podríamos definir lo sublime con los términos grandeza, gravedad y dinamismo. Y es precisamente eso lo que encontramos en las pinturas de John Martin. Fue educado en un ambiente extremadamente religioso -su madre era una ferviente protestante- que influyó en su posterior producción pictórica, la gran mayoría de temática bíblica -son frecuentes las imágenes de condenación y salvación, como su extraordinaria trilogía del día del juicio final, compuesta por The Great Day of His Wrath, The Last Judgement y The Plains of Heaven-. Aunque sus inicios fueron difíciles, acabó consiguiendo una extraordinaria fama: la arquitectura ecléctica y grandilocuente que solía utilizar -una especie de mezcla egipcia, babilónica y griega-, fascinaba a sus contemporáneos. También sus efectos de luz, la vastedad de sus composiciones y la angustiante atmósfera producían en el público una sensación opresiva y abrumadora. Todo ello no hacía más que responder al clima social y cultural de la época: el ambiente revolucionario que se vivía en Europa, el nacimiento de la industria y el estricto orden social establecido, la explotación colonial y la esclavitud; la insalubridad de las ciudades y las diversas epidemias de cólera que tuvieron lugar en Inglaterra; todo ello unido a la superstición, al sentido de lo apocalíptico, al desastre, al gusto por la profecía y lo sobrenatural -eran muy famosos los espectáculos de fantasmagorías, donde los juegos de luces provocaban la aparición de espectros-. No es de extrañar, entonces, que las obras de John Martin tuvieran tanto éxito, porque respondían a las inquietudes de su tiempo. Para más información sobre su vida, os dejo con un pequeño resumen extraído del "Diccionario de arte", de Ian Chilvers:

Pintor romántico y grabador inglés, célebre por sus melodramáticas escenas de acontecimientos catastróficos, repletas de figuras diminutas situadas en vastos escenarios arquitectónicos. Cautivó la imaginación del público con pinturas espectaculares como Josué ordenando al sol que se detenga, la obra que le hizo famoso, y en 1821 Lawrence se refería a él como "el pintor más popular del momento". Su obra fue verdaderamente popular, desde luego, ya que en las exposiciones de sus cuadros a veces había que separarlos con rejas de las muchedumbres de admiradores; vivió sobre todo de la venta de grabados de sus cuadros, más que de los cuadros mismos. Se hizo famoso en Francia igual que en Gran Bretaña, fue condecorado por Leopoldo I de Bélgica, y su influencia se dejó sentir en artistas norteamericanos como Cole. Sin embargo, a la vez que gustaba al gran público y que algunos admiradores le consideraban uno de los mayores genios de la historia, fue denostado por Ruskin y otros críticos, que consideraron su obra sensacionalista y vulgar. Pocos artistas, en efecto, han sido objeto de tales extremos de fortuna crítica, y su fama se hundió hasta un grado tan asombroso tras su muerte, que algunos de sus enormes cuadros, antaño famosos, fueron vendidos en la década de 1930 por una cifra tan pequeña como dos libras esterlinas. En la década de 1970 recuperó en gran parte su reputación.

Martin hizo grabados a la manera negra no sólo como forma de reproducir sus pinturas, sino a la vez como composiciones originales. Especialmente dignas de mención son sus ilustraciones de la Biblia y del Paraíso perdido de John Milton, que muestran que aunque tenía grandes debilidades como artista, especialmente en su dibujo de la figura humana, también tenía viveza y grandilocuencia de imaginación nada desdeñables en temas tan elevados.


Assuaging of the Waters

Belshazzar's Feast

Cadmus and the Dragon

Diogenes Throwing Away His Cup

Fonthill Abbey

The Fall of Babylon

The Courts of God

Satan Presiding Over the Infernal Council

The Bridge Over Chaos (from Paradise Lost)

The Seventh Plague of Egypt


The Great Day of His Wrath

The Last Judgement

The Plains of Heaven

Joshua Commanding the Sun to Stand Still upon Gibeon

The Destruction of Sodom and Gomorrah

Manfred and the Alpine Witch

Pandemonium

Macbeth

King Arthur and Aegle in the Happy Valley

The Celestial City and the River of Bliss

The Eve of the Deluge

El 21 de septiembre, la Tate Britain de Londres inaugura una gran retrospectiva sobre John Martin, la primera desde hace más de treinta años. Una oportunidad única para ver reunidas una buena cantidad de obras del pintor -algunas de ellas no vistas con anterioridad- y constatar su conexión con nuestro mundo actual (podemos ver su rastro, por ejemplo, en el productor y técnico de efectos especiales Ray Harryhausen).

La exposición es una muestra de la reivindicación y recuperación de una de las figuras más importantes del arte inglés del siglo XIX. El pasado octubre también apareció un libro monográfico sobre el pintor, escrito por Barbara C. Morden. Aunque hace un panorama bastante extenso sobre su vida y sobre la sociedad de su época, las ilustraciones que acompañan el texto dejan mucho que desear, pues no son de la más alta calidad (cosa que todo buen libro de arte requiere) y algunas no se aprecian en su totalidad. No obstante, es el libro más reciente y -me atrevería a decir- el único que se puede encontrar actualmente dedicado a John Martin, a excepción de su autobiografía, publicada a principios de año por la Tate.

ACTUALIZACIÓN

Dos vídeos subidos por la Tate Britain: uno, anunciando la exposición; el otro, Ray Harryhausen hablando sobre John Martin:






6 comentarios:

Loren dijo...

Menuda colección más impresionante! O_o Había visto unas cuantas obras de este pintor, las cuales nunca he visto en persona, pero otras tantas de este post se me habían escapado. Es difícil comentar todas ellas porque son muchas, pero ese gusto por el fantástico (que es lo que es xD), unido a todo lo que explicas, es bestial. Paisajes grandes, figuras pequeñas, como hormigas, mi temática favorita en la pintura. xD

Pensaba que habría algún libro del autor editado por Taschen, aunque sea en formato grande. En pequeño creo que no le haría justicia.

Beldz dijo...

Ya sabía yo que te gustaría, por lo fantástico que tienen las pinturas.

Estuve buscando cosas editadas en castellano sobre él, pero que yo sepa no hay nada. Me compré ese que cito en inglés, de Barbara Morden, que me costó lo suyo (25€), pero al ver las ilustraciones me decepcioné bastante. El libro en sí y el texto está bien (tapa dura, formato bastante grande, 106 páginas...); lo que falla son las imágenes.

Yo estoy muuuuy tentada en ir a la exposición. Creo que si encuentro algún billete de avión barato, volveré a Londres, aunque sólo sea un fin de semana (una noche).

Maca dijo...

Que bueno que ya volviste!!!... Y de que manera...
Vaya entradón que has preparado para tu vuelta...(Yo para el mío, unas fotitos y un video, ya sabes, transición, piano piano)

Genial Mr. Martin. Yo había visto alguna cosita aislada y como que no me decía mucho. En tu post ya veo otra calidad.

Y sobre todo me encanta el título.

Beldz dijo...

¡¡Muchas gracias!! :)

Gracias, me has descubierto a un pintor. No sabía nada sobre él.
Me gustan sus pinturas, me gusta cómo ilustración de algunas cosas que escribo.
Los presagios, las profecías, los prodios...
¡magnífico!
Muchas gracias, otra vez.

Concha Reviriego Almohalla

Beldz dijo...

Hola Concha,

muchas gracias a ti por escribir. Me alegro de que te haya gustado. Por lo que dices, seguro que te aporta muchas cosas positivas :)