El monte Saint Michel


Aprovechando un artículo sobre el arte religioso francés que he leído esta tarde, me ha parecido oportuno reproducirlo aquí para compartirlo con vosotros, pues hace un resumen bastante acertado de lo que supuso este impresionante monte normando. Cabe destacar que algunas fuentes creen que el monte Saint Michel fue la inspiración para modelar la leyenda de la isla de Avalon, en la cual reposan los restos del rey Arturo tras morir en la batalla de Camlaan. Sin embargo, son muchas las influencias que los autores medievales recibieron a la hora de componer sus obras, así que este símil podría ser tan sólo una falsa teoría, alimentada por el ambiente místico y religioso que desprende la elevada abadía de Saint Michel.

Una cumbre del arte monástico

La imagen de la isla rodeada por las aguas cuando la marea está alta y unida a tierra firme por una ancha franja de arena cuando han descendido, aparece reproducida en multitud de folletos turísticos. Situada en la amplia bahía homónima que se abre al canal de la Mancha y en cuya entrada se sitúan las islas anglonormandas, la pequeña isla costera de Saint Michel es un promontorio rocoso de apenas 900 metros. Un dique de unos 1.800 metros de largo, construido en el curso del siglo XIX, une hoy de modo permanente la isla a tierra firme, pero en el pasado, la subida y la bajada de las aguas con las mareas fueron un factor de gran importancia para su desarrollo, al mantenerla aislada por vía terrestre durante períodos regulares, lo que facilitaba su defensa.



Según una leyenda local, en el siglo VIII, el arcángel San Miguel se le apareció al obispo de la localidad de Avranches, situada en la costa, al noreste de la actual isla, y le encargó la construcción de un santuario en un bosque cercano. Una vez finalizadas las obras, sucesivas mareas socavaron el terreno y transformaron la zona en una pequeña isla. Hacia mediados del siglo X, los monjes benedictinos llegaron a la isla y construyeron allí una iglesia románica. A partir de ese momento, Saint Michel se convirtió en un importante centro monástico. Además, sus condiciones estratégicas le confirieron también una gran importancia militar, característica que mantuvo durante el resto de la Edad Media. Más tarde, sirvió también de prisión y aunque perdió algo de su importancia estratégica, siguió siendo una fortaleza militar relevante. Este carácter viene acentuado por la gruesa muralla que se construyó durante el siglo XV en la parte suroriental para defender el pueblo, situado al pie de la abadía, y las instalaciones monásticas.

Sin embargo, la mayor importancia de la isla se la dio durante siglos su abadía, que fue centro de peregrinaciones. La iglesia románica inicial sirvió de punto de partida para los restantes edificios. El crucero se terminó de construir en el año 1023 y sus lados se elevaron sobre criptas provistas de gruesos pilares, que las elevaron sobre el promontorio rocoso. Junto a la iglesia se fueron construyendo las distintas dependencias del monasterio, iniciándose estos trabajos a comienzos del siglo XI. Son edificios de tres plantas que se elevan a ambos lados del templo formando dos niveles y que destacan por los gruesos contrafuertes que les sustentan y que confieren a todo el conjunto un magnífico aspecto de fortaleza inexpugnable. Allí se encontraban los dormitorios de los monjes, la sala capitular, la cocina, las despensas y varias otras dependencias. El claustro de la abadía es una hermosa combinación de estilos, en el período de transición del románico al gótico. Está formado por una doble hilera de 120 pilares y revela una gran armonía entre todos sus elementos.
  • Texto extraído de: "Monte Saint Michel y su bahía" a Patrimonio mundial de la humanidad: Francia y Europa Meridional, p. 21

ACTUALIZACIÓN

Actualizo tan sólo para comentar una pequeña curiosidad que se relaciona directamente con el "Mont Saint Michel". El sábado pasado, mientras estaba comprando en el Carrefour, encontré unas galletas que llamaron mi atención, en la sección de "comida de otros lugares". Como tengo bastante interés en las especialidades extranjeras, me fijé en unas galletas bretonas que resultaron ser hechas cerca de la bahía de Saint Michel. Y al final, acabé comprándolas. Por si os apetece probarlas, que dicho sea de paso, están muy buenas, os pongo una fotografía de la caja:




Ardell Morton y sus castillos escoceses


Ardell Morton
es una artista escocesa especializada en la pintura de paisajes de las Highlands, las tierras altas de Escocia, y de las islas Hébridas, un archipiélago de la costa oeste. Dedicada también a la investigación histórica de los clanes escoceses en relación a las fortalezas medievales, Ardell nos presenta la realidad que la envuelve a través de un trazo definido y unos colores espléndidos, brillantes y para nada apagados. Los castillos que aparecen en sus obras son un agradable recorrido por la historia de Escocia y rememoran un pasado magnífico y rico en construcciones, que han llegado hasta la actualidad como un símbolo característico de estos parajes desolados.
Para una mayor profundidad de su obra, intentaré mostraros algunas de las pinturas que más me han gustado:


El castillo de Duart, en la isla de Mull, es uno de los castillos escoceses más famosos. Perteneciente durante generaciones al clan MacLean, fue, originalmente, un castillo medieval de planta rectangular, modificado en el siglo XVII, pero usado como guarnición y plaza de armas hasta 1751, lo que le causó grandes desperfectos y el posterior abandono. No fue hasta 1910 cuando un miembro del clan emprendió las necesarias obras de restauración.



El castillo de Dunvegan, en la isla de Skye, pertenece al clan MacLeod desde 1270 y ha estado habitado contínuamente durante siglos. Una de las historias tradicionales más contadas y más fantásticas que rodean a este castillo, es la leyenda de la "Fairy Flag", uno de los tesoros más preciados del clan de Dunvegan. Según Ardell Morton, la bandera se documenta por primera vez en las "Norse Sagas" (una recopilación de antiguas leyendas e historias nórdicas, escandinavas y germánicas), cuando supuestamente cayó en posesión de Harald Harvarder, rey de Noruega, durante una incursión en Oriente Medio a inicios del siglo X. Siempre que desplegaba la bandera en una batalla, Harald salía victorioso. Pero desgraciamente, en una de las batallas que libró contra Inglaterra, la llamada "batalla de Stamford Bridge", sus enemigos atacaron sus tropas mientras dormían, sin posibilidad de poder usar la bandera. A continuación, la bandera reapareció misteriosamente en el castillo de Dunvegan junto con una advertencia o profecía en el siglo XVII: si la bandera era desplegada por tercera vez, la miseria caería sobre el clan de los MacLeod.


Sin duda alguna, el castillo de Eilean Donan es uno de los más representativos de Escocia. Situado cerca de la isla de Skye, en una pequeña isla al lado de los lagos Duich, Long y Alsh, el castillo de Eilean Donan se construyó en el siglo XIII sobre un antiguo asentamiento del siglo VI, usado por los pictos para defenderse de las incursiones vikingas. La región fue testimonio de numerosos cambios: desde refugio de guerra hasta residencia del clan MacRae, que lo restauró a inicios del siglo XX a causa de su estado ruinoso, debido a las diversas guerras y ocupaciones extrangeras que tuvieron lugar dentro de sus muros a lo largo de los siglos.

Y para terminar con este pequeño repaso, pondré algunas otras muestras, que vosotros mismos podéis ampliar consultando la página web de la artista.



Ardell Morton

"Castillo de Morton, en Dumfriesshire"
"Montañas en Balquhidder"



Ardell Morton
"Vieja granja en Ballimore"

"Otoño en Balquhidder"

El Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro


"El palacio del Buen Retiro
", actualmente en el centro histórico de Madrid, fue un conjunto arquitectónico construido por orden de Felipe IV como lugar de recreo y segunda residencia. Parece ser que, en ocasiones, Felipe IV tenía la costumbre de alojarse en unas habitaciones contiguas al monasterio de "Los Jerónimos", que recibían el nombre de Cuarto Real. El rey solía pasear por los alrededores de la finca -que eran propiedad del Conde Duque de Olivares- y, por este motivo, el valido le regaló los terrenos para proyectar una ampliación que acabaría constituyéndose como el palacio del Buen Retiro -un conjunto palaciego de más de veinte edificaciones y dos grandes plazas abiertas que se usaban para celebrar las festividades y otras actividades diversas-, rodeado por una gran extensión de jardines y estancos que aún hoy se conservan. En 1808, durante la invasión francesa, los jardines quedaron bastante malogrados, pero, desgraciadamente, el palacio fue totalmente destruido, a excepción del Casón del Buen Retiro -antigua sala de baile- y el Salón de Reinos -actual Museo del Ejército-.

Aunque era una segunda residencia, que se usaba especialmente en verano, el rey quiso decorarla suntuosamente equiparándola con El Alcázar, su residencia habitual. Así es como se trasladaron al palacio obras de Claude Lorrain, Nicolas Poussin, Massimo Stanzione y Giovanni Lanfranco, entre muchos otros, así como el encargo de nuevas pinturas a artistas españoles para decorar una de las salas más suntuosas del palacio, el Salón de Reinos.

Jusepe Leonardo
"El Buen Retiro"
(1637)

El Salón de Reinos

El Salón de Reinos comenzó a construirse a partir de 1633. Era la sala del trono, donde el rey presidía las ceremonias, las fiestas cortesanas y las obras teatrales, aunque a medida que iban llegando las pinturas que lo decorarían, devino en una auténtica galería de arte. Consistía en un recinto rectangular, dividido en ocho módulos cuadrados, realizados a medida para albergar la colección de pinturas, encargadas a los mejores pintores del momento. La intención era que toda la sala debía proclamar la gloria del monarca y la magnificencia del rey, a partir de sus gestas políticas y militares, de la ascendencia mítica de sus antepasados y de la gran extensión de sus dominios.
De esta manera, empezando por las lunetas de la bóveda, había veinticuatro escudos con la representación de los veinticuatro reinos que formaban el imperio español (Aragón, Castilla y León, Catalunya, Galicia, Córdoba, Granada, Jaén, Murcia, Navarra, Sevilla, Toledo, Valencia, Vizcaya, Portugal, Austria, Borgoña, Brabante, Cerdeña, México, Flandes, Milán, Nápoles, Sicilia y Perú), así como un tejido que vinculaba simbólicamente a Felipe IV con el dios Sol-Apolo.


Los trabajos de Hércules

A continuación, sobre las ventanas de los muros norte y sur, se instalaron los diez cuadros realizados por Zurbarán de temática mitológica sobre los trabajos de Hércules, que acabó entre 1634 y 1635. En realidad fueron doce los trabajos que Hércules realizó, pero Zurbarán sólo pintó diez para que quedasen en concordancia con las ventanas del salón. Simbólicamente, los trabajos de Hércules representaban las virtudes del rey de España y la identificación entre ambos personajes. Hércules era el símbolo de la fortaleza y la virtud, uno de los héroes más prestigiosos de la mitología griega y romana, que desde el siglo XVI se identificó también con los reyes españoles de la casa de Austria, que se consideraban sus descendientes. Éstas fueron las pinturas que Zurbarán realizó para el Salón de Reinos: “Hércules desviando el curso del río Alfeo”, "Hércules abrasado por la túnica del Centauro Neso, "Hércules lucha con Anteo”, “Hércules lucha contra el jabalí de Erimanto”, “Hércules lucha contra el león de Nemea”, "Hércules lucha contra la hidra de Lerna”, “Hércules separa los montes de Calpe y Abyla”, “Hércules vence a Gerión”, “Hércules y el Cancerbero” y “Hércules y el toro de Creta”.

Francisco de Zurbarán
"Hércules y el Cancerbero"
"Hércules separa los montes de Calpe y Abyla"


Los cuadros de batallas

Por otra parte, en los muros inferiores se colgaron los espléndidos cuadros de batallas que mostraban las virtudes y la gloria del monarca español. Éstas fueron las pinturas, por orden cronológico a los acontecimientos:

- “La victoria de Fleurus” de Vicente Carducho.
- “La rendición de Juliers” de Jusepe Leonardo.
- “La rendición de Breda” de Velázquez.
- “La defensa de Cádiz contra los ingleses” de Zurbarán.
- “Recuperación de San Juan de Puerto Rico” de Eugenio Cajés.
- “El socorro de Génova” de Antonio de Pereda.
- “La recuperación de Bahía del Brasil” de Juan Bautista Maíno.
- “La recuperación de la isla de San Cristóbal” de Félix Castello.
- “La toma de Brisach” de Jusepe Leonardo.
- “El socorro de la plaza de Constanza” de Vicente Carducho.
- “La expugnación de Rheinfelden” de Vicente Carducho
- “La expulsión de los holandeses de San Martín” de Zurbarán.

Velázquez
"La rendición de Breda o Las Lanzas"
Juan Bautista Maíno
"La recuperación de la Bahía del Brasil"


Los retratos ecuestres

Finalmente, la serie dinástica de los retratos ecuestres de Velázquez configuraba el colofón de la colección. "Felipe IV a caballo" simbolizaba la majestuosidad, el poder y el buen gobierno del monarca, remarcado por la posición en corbeta del caballo, muy habitual entre los escultores y pintores del barroco, y la figura impasible y de perfil del rey, vestido lujosamente. "El retrato ecuestre del príncipe Baltasar Carlos" simbolizaba, a través de esta imagen heroica e infantil, la continuidad de la monarquía española; y el "Retrato ecuestre de Isabel de Borbón" que flanqueaba, junto con el de Felipe IV, el de su hijo Baltasar Carlos, representaba a la reina sentada de lado sobre un caballo que avanza con paso lento, símbolo de sumisión. Además, los dos últimos retratos -situados delante de los anteriores- de "Felipe III a caballo" y "Margarita de Austria a caballo" exaltaban la continuidad de la monarquía, en tanto que eran padres del monarca reinante y abuelos del príncipe heredero.

Velázquez
"Retrato ecuestre de Felipe IV"
"Retrato ecuestre de Isabel de Borbón"

La Odisea, de Pérez Navarro y Martín Saurí



Dioses, monstruos y la codicia de los hombres pondrán a prueba el tesón de Odiseo en el viaje de vuelta a Ítaca: su patria, su casa y el lugar donde le esperan su mujer y su hijo.

Pérez Navarro (guión) y Martín Saurí (dibujo) adaptan en esta magnífica obra, el poema épico griego más famoso de todos los tiempos. Atribuida su autoría a Homero, y realizada hacia el siglo VIII a.C., "La Odisea" nos cuenta las vicisitudes del rey de Ítaca, Ulises/Odiseo, durante su regreso a casa, tras finalizar los diez largos años de la guerra de Troya.

El poema, compuesto por 24 cantos, abarca una amplia geografía, desde Asia Menor (o la Península de Anatolia, actual Turquía), donde se cree estaba situada la ciudad amurallada de Troya, hasta la parte más occidental de Grecia, en la isla de Ítaca. A través de estos territorios, Ulises intentará, con su astucia e inteligencia, desafiar a los dioses (principalmente a Poseidón) o ponerse de su parte (Atenea), para regresar de nuevo al lado de su esposa Penélope y su hijo Telémaco que, con la ausencia de su esposo, deberá hacer frente a todo tipo de pretendientes al trono.

De esta manera, la historia empieza "in media res", es decir, en mitad de la historia, cuando Ulises llega a la corte de Alcinoo, rey de los feacios, ya casi al final de su eterno viaje, y narra todos los inconvenientes y sufrimientos que ha padecido hasta llegar allí. Veamos cuáles son los episodios escogidos por los autores para confeccionar el cómic, agrupados en dos partes partes: "El regreso de Odiseo" y "La venganza de Odiseo".

  1. Canto VI: Mientras Nausicaa, hija de Alcinoo, descansa y juega con sus esclavas a orillas del río, llega Ulises. Ésta, dispuesta a ayudarle, le indica la dirección hacia el palacio del rey para pedir auxilio en su regreso a casa.
  2. Canto VII-VIII: Ulises es recibido por la corte e invitado a un banquete. Durante su transcurso, un aedo, Demódoco, recita y canta las andanzas de los héroes de la guerra de Troya; hasta que Ulises, emocionado, rompe a llorar y desvela su identidad.
  3. Canto IX: Ulises empieza a relatar él mismo su historia. Se inicia con los Lotófagos, un pueblo que se nutría con las flores de loto; hasta llegar a la tierra de los cíclopes, dónde Ulises ciega a Polifemo para poder escapar de sus garras. Como consecuencia de este hecho, Poseidón se enfurece de tal manera que decide castigar a Ulises, perdiéndole por la vastedad de los mares.
  4. Canto X: La tripulación llega a la isla Eolia, donde reside Eolo, dios de los vientos. Éste le entrega una bolsa que contenía todos los vientos, con la condición de no abrirla hasta haber regresado a casa. Pero sus compañeros, deseosos de saber qué contenía, abrieron la bolsa creando tal tormenta que los alejó de nuevo, lejos de su patria. A continuación, llegan a la isla de los Lestrigiones, unos gigantes que devoran a casi toda la tripulación. Huyendo de allí, arriban hasta Circe, una hechicera que convertía en animales a todos sus enemigos. Ésta se enamoró de Ulises y le retuvo un año, hasta que, apenada por no poder mantenerlo a su lado, le indica un camino de regreso a su patria: tendría que bajar primero a los infiernos y hablar con Tiresias.
  5. Canto XI: Ulises llega al Hades y se encuentra con su madre y otros héroes caídos en la guerra de Troya. Adentrándose aún más por horrorosos caminos, encuentra a Tiresias, el ciego adivino, que le profetiza un difícil regreso a casa.
  6. Canto XII: De vuelta al mar, Ulises debe enfrentarse a las Sirenas, híbridos de mujer y ave, cuyo canto enloquecía a los viajeros; atado al mástil del barco, el héroe no sucumbió a sus deliciosas voces. A continuación, tuvo que hacer frente a Caribdis y Escila, dos monstruos marinos que habitaban un estrecho paso rocoso. Aunque mermó parte de la tripulación, consiguieron llegar hasta la isla del dios sol; allí les impusieron la condición de no sacrificar a los animales, pero los marineros, que llevaban días sin comer, sucumbieron a la tentación, provocando la cólera de Helios. De nuevo en el mar, se desencadenó una gran tormenta de la que sólo sobrevivió Ulises. Finalmente, llegó ante Calipso, donde permaneció siete años.
  7. Canto XIII-XIV: Mientras tanto Ulises termina su relato ante los feacios y éstos le ayudan a volver a su hogar. Una vez llegado a Ítaca, Atenea disfraza a Ulises de vagabundo para pasar desapercibido en la corte y vengarse de los intrusos que la acechan. Cuenta con la ayuda de Eumeo, el porquerizo y fiel amigo de Ulises.
  8. Canto XV-XVI: Telémaco llega a la modesta casa del porquerizo y Ulises le revela su identidad. Juntos planean la venganza y la destrucción de los pretendientes.
  9. Canto XVII-XVIII: Ulises se infiltra en la corte como mendigo y es humillado por los pretendientes al pedir caridad.
  10. Canto XIX-XX: La esclava Euriclea baña al mendigo por orden de Penélope, y se da cuenta de su identidad gracias a una cicatriz que un jabalí le hizo durante su juventud. Ésta guarda silencio para que su rey pueda llevar a cabo su venganza.
  11. Canto XXI-XXII: Penélope jura que se casará con el pretendiente que logre lanzar una flecha con el arco de Ulises, pero ninguno consigue tensarlo. Así es como se le permite al supuesto mendigo intentarlo. Ante el asombro de todos, lo consigue con suma facilidad y se prepara para derrotarlos. Empieza la matanza.
  12. Canto XXIII: Penélope reconoce a Ulises tras recordar éste como hizo su lecho conyugal.
Cabe destacar, que "La Odisea" de Pérez Navarro y Martín Saurí, no adapta la "Telemaquia", es decir, los cuatro primeros cantos dedicados a Telémaco, donde se describe la situación de Ítaca en ausencia de su rey; y cómo, a consecuencia de los abusos de los pretendientes, el heredero se vé obligado a emprender un viaje en busca de su padre.

Por otra parte, el cómic se publicó con inconvenientes en la revista Heavy Metal en 1983. En España llegaría con posterioridad, publicada por entregas en Comix Internacional, hasta que Planeta de Agostini la recopiló no hace mucho tiempo. Por suerte, el año pasado, a raíz de éxitos como el "300" de Frank Miller, Norma Editorial sacó una edición especial, conmemorando su 25 aniversario, la cual permite deleitarnos ante las belleza de las imágenes. Realmente, "La Odisea" me ha parecido casi una obra maestra. Lo que más me ha gustado ha sido, por supuesto, el dibujo: elaborado, preciosista, épico, clásico e incluso barroco y recargado. Los rostros tienen personalidad, energía y una fuerte expresión. Es posible que muchos piensen que tiene demasiada carga erótica, innecesaria quizá, y poco realista, por otra parte. Y es cierto que las mujeres son voluptuosas y muy femeninas; presentadas solamente como objeto sexual. Así como Ulises, el héroe por excelencia, debía ser intrépido, atrevido y atractivo.

Para mí, este dibujo es una maravilla; el blanco y negro, y los claroscuros, y el diseño y la ambientación son fascinantes, aunque sean sacados de la imaginación de sus autores. Supongo que ésto es lo que también me gusta, que nos han presentado su visión particular de "La Odisea" (como hacen la mayoría de autores que adaptan obras literarias), llena de leyenda y fantasía.

Finalmente, la tarea de Pérez Navarro al guión también me ha parecido soberbia, aunque quizá un tanto inferior, pues adaptar "La Odisea" en 68 páginas no es tarea fácil. Se nota que han tenido que seleccionar las partes más interesantes del libro y sobre todo intentar dar una imagen coherente de todo ello para no perder el hilo de la narración. De todas maneras, es un cómic excelente que desprende belleza continuamente. Se nota que es una obra planeada y elaborada minuciosamente, para ser contemplada y disfrutada sin prisas.

  • Para más información:
Título: La Odisea
Guión: Francisco Pérez Navarro
Dibujo: Josep María Martín Saurí
Formato: Cartoné, 68 páginas, blanco y negro
Editorial: Norma Editorial
Precio: 16€


Entre lo sagrado y lo profano. El Renacimiento en Prato.


Título: Entre lo sagrado y lo profano. El Renacimiento en Prato
Lugar: CaixaForum, Barcelona
Fecha: Del 19/06 al 28/09 del 2008


"La exposición "Entre lo sagrado y lo profano. El Renacimiento en Prato" presenta una selección de 59 obras maestras. Los lienzos provienen del Museo Civico di Prato, que, gracias a la restauración y adecuación museística del Palazzo Pretorio, quiere dar la oportunidad de contemplar sus tesoros fuera de su contexto habitual. Comisariada por Maria Pia Mannini y Cristina Gnoni Mavarelli ofrece un recorrido por la pintura, en tiempos del famoso mercader de Prato Francesco di Marco Datini, durante la época dorada de su actividad económica -entre mediados del siglo XIV e inicios del siglo XV- hasta llegar a los mecenazgos de los Médici, repasar los ejemplos más importantes de la pintura del Seicento y las obras del Settecento influidas por maestros del Renacimiento más alejados. Y es que la cultura artística de Prato es extremadamente variada y está marcada por la presencia de importantes talleres que consiguieron dejar una profunda huella en las generaciones de artistas que se sucedieron a lo largo de los siglos. El recorrido sigue una secuencia cronológica que parte del siglo XIV con una predela de cinco plafones que representa, en siete escenas pintadas por Bernardo Daddi, las historias del Cíngulo sagrado, la importante reliquia de Corsino conservada en la catedral de Prato, símbolo de la comunidad civil y religiosa de la ciudad."

Partiendo de esta atrayente premisa fui a ver la exposición pocos días antes de su cierre. Mis conocimientos sobre esta determinada época tienden a ser bastante limitados, pues no es mi especialidad ni mi interés principal, pero al saber que se exponían obras de Fra Filippo Lippi, alguna que otra de Donatello y, para que engañarnos, siendo una exposición gratuita, sólo quedaba una opción: sacar tiempo para visitarla.

La exposición se centraba en los "tesoros" o obras maestras del museo Cívico de la ciudad de Prato, localidad situada en la Toscana, cerca de Florencia. Como sabemos, esta región vivió el resurgimiento de una cultura clásica, interrumpida por la Edad Media, que provocó un florecimiento de las artes, principalmente en Roma, Florencia, Venecia y Siena, entre otras. Una de ellas, entonces, fue Prato; ¿qué nos dicen de esta localidad?: "fue precisamente en esta época que tenemos que asociar la prosperidad de los campos, con la construcción de villas y de castillos por parte de las familias nobles, la introducción de sistemas innovadores de cultivo y el desarrollo de la industria y del comercio, especialmente de los tejidos de lana. En este sentido Prato fue uno de los centros más activos y prematuros. El gran crecimiento de las actividades industriales y comerciales significó el renacimiento de las diferentes artes, de la literatura a la poesía, de la pintura a la escultura, de la arquitectura a la física, al teatro, etc."

Y cierto es que Prato nos ha legado un arte precioso. Por ejemplo, el "Castillo del Emperador", construido entre 1242 y 1248 por Riccardo da Lentini por encargo de Federico II, es el único ejemplo de arquitectura sueva que hay en la Italia central. Con 8 torres y de planta cuadrada, fue pensado para ser su residencia imperial. Otro monumento destacado es el "Palazzo Datini", la residencia del famoso mercader Francesco di Marco Datini, que alberga actualmente el Archivo del Estado y el Archivo de Francesco Datini. Es de especial importancia, la "Catedral di San Stefano", un ejemplo de arquitectura religiosa del período románico-gótico (siglos XII-XIV). En su interior se encuentran numerosas obras, entre las cuales destacan los frescos de Fra Filippo Lippi y el púlpito exterior de Donatello y Michelozzo Michelozzi. Así como la "Basílica di Santa Maria delle Carceri" que, tal y como indica el nombre, fue construida sobre los restos de una antigua prisión. El proyecto fue diseñado por Giuliano da Sangallo según el deseo de Lorenzo el Magnífico.

En este contexto, que por supuesto es mucho más amplio de lo que yo he presentado anteriormente, se sitúa la exposición y las obras expuestas. Como introducción, habían siete escenas pintadas por Bernardo Daddi, llamadas las historias del Cíngulo. Se dice que el Cíngulo era un cinturón usado por la Virgen María durante su Asunción y entregado a Santo Tomás; hasta que en el siglo XII llegó a Prato y la convirtió en una de sus más preciadas reliquias. Nos sumergimos de lleno en el Quattrocento al llegar a la primera sala; "La natividad entre San Jorge y San Vicente Ferrer" de Fra Filippo Lippi y Fra Diamante, "La Virgen en su trono entre los santos Jeronio, Francisco, Antonio de Padua y Luís de Tolosa" de Francesco Botticini, el "políptico" de Lorenzo Mónaco, o diversas obras más de Filippo Lippi, como "La Anunciación en presencia de San Giuliano", son las más destacadas.

Entre la primera y la segunda sala, nos deleitaron con diversos tabernáculos de vírgenes con el niño, hechos especialmente para la devoción privada, de los que destacaba principalmente la talla de Donatello. A continuación, nos adentramos en la zona dedicada al Cinquecento: "y, en concreto, vemos las pinturas relacionadas más directamente con el mecenazgo de una clase dirigente que siempre fue muy activa y estuvo muy presente en la cultura toscana, ejemplificado en el mercader Francesco di Marco Datini, recordado para la posteridad en la imponente pintura de Ludovico Buti, o en la familia Médici, de la cual se expone el escudo de armas hecho por Giovanni Maria Butteri, y los retratos de "Francesco de Médici" y "Fernando I de Médici", de los artistas Maso da San Friano y Santi di Tito, respectivamente".

En la sala siguiente, podíamos ver, de manera notable, el cambio formal respecto a las obras anteriores, pues en el Seicento se da un proceso hacia una representación más naturalista mediante el uso de claroscuros y focos de luz, muy utilizado por los seguidores de Caravaggio. Destacaba el "Noli me tangere" de Battistello y diversas obras de Gherardo Honthorst. A continuación, y ya para terminar, la última sala dedicada al Settecento, donde había grandes lienzos en los que destacaba el "estudio de los efectos de la luz artificial en los rostros y las figuras, influidos por la Ilustración y las nuevas ciencias de la visión", como en "La gloria de Santa Catalina de Alejandría" de Francesco Conti. El recorrido terminaba con una obra, "Las exequias de San Esteban", de Alessandro Ferrarrini, ya del siglo XIX, que homenajeaba directamente a Fra Filippo Lippi.

Imágenes:

- "La Natividad", de Fra Filippo Lippi y Fra Diamante
- El Castillo del Emperador
- El Palazzo Datini
- La Cattedrale di San Stefano
- "Anunciación con San Giuliano", de Fra Filippo Lippi
- "Gloria de Santa Catalina de Alejandría", de Francesco Conti