París: Día 2

6/21/2010 Beldz 0 Comments


Tras recuperarnos del cansancio del día anterior, nos levantamos con fuerzas para llegar temprano a nuestro próximo destino: Versalles. Decenas de autobuses y grupos escolares se amontonaban en la entrada principal. El día acompañaba a la perfección; un sol radiante iluminaba el palacio y los jardines, otorgándoles un aspecto esplendoroso y colorido, tal y como debería haber sido antaño, con los lujos de la Corte y el ajetreo de los miles de empleados. La visita comprendía las estancias principales del palacio: las habitaciones del rey y de la reina, suntuosamente decoradas -o recargadas, según el gusto de cada turista-; la capilla, dedicada a San Luis; la Galería de los Espejos -uno de los principales atractivos del palacio-; y diversas salas y estancias dedicadas a la exhibición de lienzos, esculturas, cerámicas de lujo, porcelanas, candelabros o relojes de oro, de las cuales sobresale la dedicada a los cuadros napoleónicos -especialmente los realizados por el magnífico Horace Vernet-.

Como el tiempo apremiaba, decidimos subirnos a un mini tren que recorría la parte más exterior de los jardines. Hace unos años ya había paseado por el Gran Canal, así que esta vez me apetecía ver por fuera los "pequeños" palacios que el rey y la reina tenían en las afueras: el Petit y el Grand Trianon.

Versalles - Plaza y puerta de entrada

Versalles - Capilla

Versalles - Galería de los Espejos

Versalles - Interiores

Versalles - Sala de cuadros napoleónicos
Versalles - Jardines


Versalles - Palacio exterior
Versalles - Grand Trianon

De vuelta a París, y antes de hacer una parada para comer, visitamos la antigua basílica de Saint Denis -de estilo gótico-, panteón de los reyes y reinas de Francia, desde Dagoberto I (603-639) hasta Luis XVIII (1755-1824). Lugar de visita obligada, no sólo por su arquitectura, sino también por la rica escultura de sus tumbas y sus coloridos ventanales. Alexandre Dumas le dedicó un relato, recopilado por Valdemar en "Las tumbas de Saint-Denis y otros relatos de terror".

Saint Denis

Saint Denis

Saint Denis - Tumbas

Por la tarde tocó otra visita obligada: Montmartre. Barrio de artistas, de calles estrechas y empedradas, de ateliers, de cafés, de cabarets y de tiendas turísticas, está situado en una ubicación privilegiada para poder contemplar buena parte de la ciudad desde arriba. El Moulin de la Galette, antigua sala de baile ubicada a poca distancia del Sacre Coeur, era uno de los principales atractivos de París a inicios del siglo XX: fue pintada por artistas como Renoir, Tolouse-Lautrec, Picasso, Van Gogh, Casas, Rusiñol o Utrillo, entre otros.

La construcción de la basílica del Sagrado Corazón (Sacre Coeur), en lo alto de la colina, se inició en 1875. Inspirada por la arquitectura bizantina, se consagró poco después de la Primera Guerra Mundial. Desde entonces, sigue siendo uno de los edificios religiosos más visitados de la capital, principalmente por su privilegiada ubicación.

Montmartre - Moulin de la Galette

Montmartre - Calle típica
Montmartre - Fachada lateral del Sacre Coeur

Montmartre - Vista de París desde el Sacre Coeur

De noche, y ya de vuelta a los alrededores de las Tullerías, dimos un paseo por los Champs Elysées, desde la Plaza de la Concorde hasta el Arco de Triunfo, desde el cual contemplamos la larga avenida. Finalmente, para terminar el día, nos dio tiempo a recorrer el Sena con uno de los barcos "Bateaux Mouches" y subir hasta el último piso de la Torre Eiffel para ver el magnífico espectáculo nocturno.

Montmartre - Moulin Rouge
Arco de Triunfo

Vista desde el Arco de Triunfo
Vista desde la Torre Eiffel


París: Día 1
Exposición: Turner et ses peintres

París: Día 1

6/09/2010 Beldz 2 Comments


Aunque ya han pasado tres meses desde que fui a París, me he decidido a hacer una pequeña crónica del viaje para recorrer de nuevo todos los sitios que visité, que fueron muchos en apenas cuatro días. Como veréis por la cantidad de cosas que pondré, me cansé de tal manera que los efectos físicos me duraron más de una semana. Pero valió muchísimo la pena. Para mí, París es el paraíso del arte y de la cultura; recordar lo que vi me llena de satisfacción, de felicidad y de nostalgia. Es un sentimiento precioso y difícil de explicar. Para todos aquellos que apreciamos el arte y la historia, estar en París es una de las cosas más maravillosas que hay.

Así pues, llegamos a la estación de Austerlitz un miércoles a les 9 de la mañana. Después de pasarnos una hora intentando encontrar el hotel -en realidad, no estaba tan escondido, pero nos hicimos un lío con el mapa, jeje-, dejamos las maletas y nos fuimos directamente a l'Île de la Cité, a Notre-Dame. Quizá os parezca curioso, pero lo que más me impresionó fueron los vitrales, especialmente los del transepto. Creo que nunca había visto unos tan grandes.

Fachada principal de Notre-Dame
Roseta del transepto


Fachada lateral de Notre-Dame
Pinácu
lo neogótico de Viollet-le-Duc

A continuación, nos dirigimos a la Saint-Chapelle, la primera y única decepción del viaje. Siempre había pensado que me emocionaría cuando la viera, pues es famosa por lo espectacular de sus vitrales. Sin embargo, aquellos meses estaban restaurando el altar, lo que le quitaba gran parte de atractivo al edificio. Su ubicación, medio escondida, y la poca luz que penetra en la capilla, desmejora decisivamente su imagen, quitándole el esplendor que antaño tendría.

Capilla inferior de la Saint-Chapelle
Vitrales de la ca
pilla superior de la Saint-Chapelle

Después de dar un par de vueltas por los alrededores, cogimos el metro dirección Montparnasse para visitar las Catacumbas, una red de túneles subterráneos en los que se apilan miles de huesos humanos, trasladados aquí a causa de la insalubridad de diversos cementerios de la ciudad, especialmente los del distrito de Les Halles.

Pasadizos y huesos apilados en las catacumbas

La siguiente parada, tras comer algo rápido, fue el museo nacional de la Edad Media (Musée de Cluny). La sede era la antigua residencia de los abades de la abadía de Cluny desde el siglo XIII. Ahora alberga piezas de suma importancia: tejidos, tapices, fragmentos arquitectónicos, diversidad de objetos cotidianos, esculturas y pinturas. Los tapices de la dama y el unicornio son la pieza estrella del museo, así como las cabezas originales de los reyes de Judea que adornaban la fachada principal de la catedral de Notre-Dame.

Patio de entrada del museo de Cluny
Tapiz de la dama y el unicornio


Exterior del museo de Cluny
La Sorbona

Tras el recorrido medieval, nos dirigimos hacia el Panteón, el monumento neoclásico por excelencia de la ciudad. Diseñado por Soufflot en 1764, alberga las tumbas de algunos de los hombres más ilustres de Francia: Voltaire, Marat, Rousseau, Victor Hugo, Émile Zola o Alexandre Dumas son algunos de los más conocidos -Marie Curie y Sophie Berthelot son las únicas mujeres que hay enterradas-.

Entrada principal del Panteón

Tumbas de Victor Hugo, Alexandre Dumas y Émile Zola
Interior del Panteón con una reproducción del Péndulo de Foucault


Interior del Panteón

Al finalizar la visita, emprendimos de nuevo el rumbo hacia el Sena. El recorrido nos llevó por los jardines del Luxemburgo, en los cuales hicimos una muy pequeña parada, y por la antigua abadía benedictina de Saint-Germain-des-Prés. Por el camino también pudimos ver la Asamblea Nacional, la Place de la Concorde con el obelisco de Luxor y, finalmente, terminamos el día asistiendo a la exposición Turner et ses peintres, en el Grand Palais.

Asamblea Nacional
Vista del Sena


Place de la Concorde y obelisco de Luxor
Grand Palais