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Compras literarias (6)


¡Hace un montón de tiempo que no os enseño mis últimas compras literarias! Desde mi última recopilación ya ha pasado más de un año. ¡Increíble! Y veréis que tampoco he publicado antes esta nueva remesa por la sencilla razón de que apenas he comprado libros. Seguro que os parecerá escaso lo que os enseño, pero es lo único que hay... El dinero que tengo lo he tenido que ir invirtiendo en ropa (es lo que tiene el haber adelgazado casi diez kilos, ¡y yo feliz, oiga!). Pero comprar un buen libro también me hace feliz, así que algunos ahorrillos fueron destinados a lo que veréis a continuación. Como tengo poco dinero, mis lecturas actuales (casi todas novelas) provienen principalmente de la biblioteca, una fuente inagotable de sabiduría. Pero, como es evidente, mi biblioteca personal de arte e historia pide a gritos ser aumentada. Este tipo de libros, en la situación en la que ahora me encuentro, sí que me gusta tenerlos siempre en casa. ¿Les echamos un vistazo? Si se encuentran disponibles, los enlazaré con mi librería online, por si os apetece comprarlos.

A Philippe Contamine, un historiador francés especializado en historia militar de la Edad Media, lo tenía pendiente desde hace mucho tiempo. No recuerdo haber leído ningún libro suyo en la universidad, así que decidí ponerle remedio con esta edición de La guerra de los Cien Años que publicó recientemente la editorial Rialp. Este episodio de la historia me parece interesantísimo desde que leí Agincourt, un libro muy ameno y recomendable de Juliet Barker. Pero, como bien dice el título, el libro de Barker sólo comprende un episodio concreto de esta guerra. Yo quería un resumen de toda ella. Y eso es lo que ofrece Philippe Contamine en apenas 144 páginas.

  • La guerra de los Cien Años, de Philippe Contamine: Aunque transcurre más de un siglo entre 1337 y 1453, la expresión Guerra de los Cien Años  pone de manifiesto la extraordinaria duración del conflicto entre Francia e Inglaterra, y la complejidad de sus hostilidades. El autor ofrece un auténtico libro-guion sobre la raíz y desarrollo de esa guerra, que ayudará a entender el final de la Edad Media europea. Nueve ediciones y más de cincuenta mil ejemplares vendidos hablan de su amplia aceptación entre los lectores de historia.
 

¿Qué decir de este libro de Umberto Eco? Lo compré para releerlo. Mi primera lectura, hace ya bastantes años, fue muy favorable. Creo que es un buen libro para el lector no iniciado en este campo de la estética medieval, es comprensible y no demasiado largo. Quizá pueda sorprender que lo haya escrito Umberto Eco, experto en semiótica y más conocido por sus novelas históricas, como El nombre de la rosa, Baudolino o El cementerio de Praga. No obstante, también es especialista en la Edad Media y ha publicado diversos ensayos sobre esta época. Su intención en este libro es, ni más ni menos, que recopilar de una manera comprensible la estética medieval.

  • Arte y belleza en la estética medieval, de Umberto Eco: El concepto de «estética» nace en Europa en el siglo XVIII y, por lo tanto, muchas historias de la estética tomaron en escasa consideración las teorías de la belleza y del arte elaboradas anteriormente. Ahora bien, desde hace más de cincuenta años la actitud de los historiadores ha cambiado y la Edad Media se ha valorizado como una época rica en especulaciones fascinantes sobre la belleza, el placer estético, el gusto, la belleza natural y artificial, las relaciones entre el arte y las demás actividades humanas. En este compendio de las teorías estéticas elaboradas por la cultura del Medioevo, desde el siglo VI hasta el XV de nuestra era, Eco recorre, de forma accesible para el lector no especializado, las etapas de un debate que, a partir de la Patrística y hasta los albores del Renacimiento, presenta aspectos dramáticos y apasionantes, y nos permite entender mejor la mentalidad, el gusto y los humores del hombre medieval.


Me gusta la ópera y la música clásica. No sé de notas ni de entonaciones, pero sí sé lo que me produce: satisfacción. No hay que ser un experto para entender este género musical. Lo que importa es lo que transmite. A mí, a parte de sus melodías y cantos, me gusta conocer la historia de su composición. ¿Qué nos cuenta La Bohème? ¿Cómo se le ocurrió a Schumann su Kreisleriana? ¿Qué vida vivió Beethoven? Por eso quería tener algunos manuales para consultar cuando me apeteciera conocer más a fondo una obra. Creo que estos dos libros cumplen perfectamente con mi intención. Son bonitos, amenos, asequibles y muy bien estructurados. Los ha publicado la editorial Akal y son ideales para los novatos en música clásica. El de Historia de la ópera, de Gabriel Menéndez Torrellas, se inicia en torno al año 1600, cuando nació la ópera con una de sus obras más conocidas, el Orfeo de Monteverdi, y finaliza en el año 2000 con L'amour de loin de Kaija Saariaho. Un epílogo, un glosario, bibliografía e índices de óperas, acompañan a este estupendo libro editado en tapa dura con sobrecubierta.

  • Historia de la ópera, de Gabriel Menéndez Torrellas: Si hay un género musical que levanta pasiones, ése es sin duda la ópera. Poca gente que haya asistido a una representación en vivo puede sustraerse a la intensa emoción que se experimenta. Y, sin embargo, en gran parte sigue siendo una gran desconocida. El presente libro pretende hacer accesible a todo tipo de lectores aspectos que faciliten una comprensión más profunda y que permitan una aproximación a algunas de las claves de la composición. La obra sigue un hilo cronológico: persigue la evolución de una dramaturgia específicamente musical que la ópera fue capaz de concebir, elaborar y replantear desde sus comienzos y en el curso de cuatro siglos. No se centra únicamente en el argumento o el libreto, ni tampoco en una serie de arias brillantes, sino en el punto de encuentro en el cual confluyen el teatro y la música con el fin de generar un teatro cantado por los personajes y comentado desde la orquesta, un drama (o una comedia) musical. Cada capítulo ofrece una presentación de los rasgos generales del género o escuela en su contexto histórico y cultural, así como un comentario sobre los compositores y tendencias más relevantes.



La Guía completa de la música clásica tiene un diseño precioso, a imitación de un piano de cola, cuya caja abres y aparece una inspiradora frase de Monteverdi: El fin de toda buena música es conmover el alma. ¿Y no tiene toda la razón del mundo? Como la pintura o la escultura, la música también es un arte que apela a nuestras emociones. Dirigida por John Burrows y Charles Wiffen, esta guía pretende recorrer los más de mil años de música clásica occidental. Empieza en el año 1.000 y termina en el presente. De cada compositor analiza sus obras clave y las sitúa en su tiempo: pasamos del mundo antiguo al moderno, de la era barroca a la era clásica y romántica. Como el libro anterior, éste también es totalmente adecuado para los no iniciados o para los que, como yo, tenemos unos conocimientos ajustados de este arte tan fascinante.

  • Guía completa de la música clásica, de varios autores: Piérdete en la fascinante historia de la música clásica con esta completa guía. Repleta de fotografías a todo color, con más de 300 biografías de compositores, los análisis de las grandes obras clásicas, así como con toda la información sobre instrumentos, géneros y estilos, esta es una lectura esencial para todos los amantes de la música clásica. Explica los elementos principales y la terminología de la música clásica de manera clara y sencilla. Analiza la música y los instrumentos de todas las épocas, desde la Edad Media y el Renacimiento, pasando por el Barroco y el Romanticismo hasta llegar a nuestros días. Recoge las biografías, los estilos musicales y las frases más célebres de cerca de 300 compositores.



Ya he dicho en otras ocasiones que el paisaje es mi género pictórico favorito. Por eso, cuando en una feria de antigüedades encontré este catálogo por 0.50cts, no dudé en comprarlo. Es un catálogo de una exposición titulada El Siglo de Oro del Paisaje Holandés que, si no estoy equivocada, tuvo lugar en el museo Thyssen-Bornemisza en el año 1994. Entre sus páginas se encuentran pintores desconocidos para mí, como Jan Asselijn, de cuya obra ya estoy totalmente enamorada. Un catálogo que es como un regalo, de lo barato que fue, y en cuyo interior se encuentran grandes tesoros.

  • El Siglo de Oro del Paisaje Holandés, de Peter C. Sutton: El paisajismo holandés constituye uno de los capítulos más brillantes y originales de la historia de la pintura europea. Tradicionalmente se ha visto en él una voluntad de realismo; este punto de vista se ha expresado por ejemplo diciendo que por medio de sus paisajes los pintores holandeses hacían un fiel y apasionado retrato de su país. La historiografía actual tiende a matizar esta interpretación señalando la dimensión simbólica y conceptual de esta pintura, viendo en ella mensajes codificados con la intención de transmitir un contenido proverbial o religioso. Tanto en un caso como en otro, tanto si destacamos su realismo como si destacamos su compleja estructura conceptual, estamos viéndola como fruto del siglo XVII, inscrito en el marco cultural del barroco.



William Beckford, Fonthill Abbey y su novela «Vathek»


Vathek resonaba en mi mente desde hacía mucho tiempo. Este libro escrito por William Beckford en 1784 está considerado como una de las primeras novelas góticas, junto a El castillo de Otranto, de Horace Walpole, y El monje, de Mathew G. Lewis (ambas son lecturas fascinantes). Como a mí me encantan los clásicos y, sobre todo, las novelas enmarcadas entre finales del siglo XVIII y todo el siglo XIX, Vathek se me presentaba como de lectura imprescindible. Pero lo peculiar de esta novela es que era de estilo oriental, lo que la hacía aún más fascinante. Y no sólo eso... ¡es que su protagonista vendía el alma al diablo! ¿Cómo no sentir atracción por esta novela? Un autor excéntrico que escribe un cuento oriental enmarcado dentro del romanticismo negro. Incluso fue alabada por Jorge Luis Borges. En esta novela corta, su protagonista, Vathek, el noveno califa de la dinastía de los abbasidas, es seducido por el lado oscuro. Giaour, el representante del diablo (Eblis) en la tierra, le conducirá hacia la nigromancia y las artes mágicas para que alcance el palacio de fuego, el infierno, donde le esperan unas riquezas inmensas. Por el camino le esperarán pruebas malditas envueltas de fantasía. Así es Vathek: orgulloso, altivo, amante de los placeres mundanos. No le costará, también con ayuda de su madre Carathis, sucumbir al mal. En su periplo hacia el lugar marcado por los astros, por Giaour y por las fuerzas demoníacas, se encontrará con emires y sus harenes repletos de mujeres voluptuosas, con tormentas sobrenaturales y lugares paradisíacos.

Portada de Vathek en La Biblioteca de Babel: colección de lecturas fantásticas dirigidas por Jorge Luis Borges. Publicado por Ediciones Siruela en 1984
Pero no sólo el argumento de Vathek es interesante. La vida de su autor, William Beckford, también es digna de estudio. En la contraportada de mi edición, nos cuentan que fue uno de los personajes más curiosos del mundo cultural de su época. Sabía latín, griego, italiano, español y portugués, conoció a Voltaire y fue alumno de Mozart. Enamorado de Venecia, su otra gran pasión fue Portugal, donde pasó largas temporadas. Su vida estuvo envuelta de escándalo: se creía un personaje de Las mil y una noches y acostumbraba a viajar con un cortejo parecido al de los emires. En algunas de sus biografías lo describen como viajero, bibliófilo, pervertido y pederasta. Su fortuna la heredó de sus padres, que se habían enriquecido en Jamaica. Con este dinero, consiguió desatar sus fantasías construyendo el castillo más impresionante de su época: Fonthill Abbey. En un libro que tengo en casa, Grandes jardines de Europa, publicado por h.f.ullmann, hay un pequeño artículo sobre William Beckford y Fonthill Abbey que os transcribo a continuación. Hace un buen resumen de la personalidad de Beckford y de cómo era el castillo, por desgracia derruido. Espero que si algún día leéis Vathek, os guste tanto como a mí. Y a los que lo habéis leído, ¿qué os pareció? Seguro que también habréis sentido fascinación por su autor y por el legado que nos dejó.


En la década de 1790, Beckford encargó al arquitecto James Wyatt la construcción de la abadía neogótica de Fonthill, en el condado de Wiltshire, cerca de Salisbury. Se trata de una curiosa combinación de torre medieval, nave típica del gótico pleno, secciones similares a las de un castillo y torres coronadas por almenas: un teatro arquitectónico. ¿Y quién era lord Beckford? Heredó su incalculable fortuna de su familia, que se había enriquecido gracias al comercio de esclavos y a las plantaciones de caña de azúcar de Jamaica. A la edad de cinco años recibió clases de música de Wolfgang Amadeus Mozart y el acuarelista Alexander Cozens le inició en el arte del dibujo. Cuando el joven Beckford celebró su mayoría de edad durante las Navidades de 1781, las salas del castillo rural de su padre, Fonthill Splendens, se llenaron de ilusión: imágenes transparentes y en movimiento iluminadas por luces de colores y acompañadas por el canto de los castrati más famosos de Europa. En aquellos años, Beckford trabajaba en su novela titulada Vathek, un oscuro libro del romanticismo negro que reproduce la temática de Fausto en Oriente y que lord Byron describió como su Biblia. Ese prometedor preludio de una carrera literaria y política quedó súbitamente interrumpido al trascender sus tendencias homosexuales. Una campaña de difamación le obligó a huir del país hacia Portugal. Pero pronto cambió este exilio autoimpuesto por la extraterritorialidad de Fonthill Abbey. Beckford calificó los planes de construcción de diabólicos.


La torre central iba a alzarse hasta los 84 metros de altura y la nave central sería tan larga como la de Westminster. Según palabras del lord, nunca se habían utilizado tantos ladrillos, salvo en Babilonia. Allí podría entregarse a su soledad y melancolía, rodeado por una multitud de sirvientes, un médico de Estrasburgo y un enano suizo llamado Perro cuyo cometido consistía en abrir el portal de roble de diez metros de altura a los escasos huéspedes del lugar. Más tarde, Beckford escribió: No sufro poco con este horrible aburrimiento y la soledad de esta tumba de abadía, pero lo peor es que en ella no se encuentra la tranquilidad que emana de las demás tumbas.

Un muro de tres metros de altura y doce kilómetros de longitud rodeaba la finca y, además del conglomerado de arquitectura, encerraba también un parque fabuloso y oscuro a la vez. Beckford hizo construir un jardín del tipo denominado americano, después de que a partir de la segunda mitad del siglo XVIII se introdujeran y se popularizaran las plantas que toleraban las temperaturas bajo cero, como los rododendros, las magnolias, los cipreses de los pantanos o los tuliperos. En los terrenos situados por debajo de la abadía, hizo construir el lago artificial Bitham. Amplias superficies de césped y largas avenidas arboladas cruzan el terreno, rodeado por árboles autóctonos y ejemplares exóticos. Beckford deseaba un jardín silvestre controlado por los jardineros en el cual los animales, que más allá de ese muro eran acosados despiadadamente por lords ávidos de caza, pudiesen llevar una existencia paradisíaca.

 Joseph Mallord William Turner
Panorámica de Fonthill desde un puente de piedra (1799)

En el año 1799, invitado por Beckford, el joven William Turner pasó tres semanas en Fonthill para realizar dibujos y acuarelas del parque y de la abadía. Seguramente Beckford deseaba ver sus propias visiones concretizadas en el arte de Turner, ya que una de sus descripciones de Fonthill se corresponde exactamente con una de las acuarelas del artista: Los oscuros bosques que rodean la abadía quedaron cubiertos por el brillante colorido del sol poniente y el azul más hermoso del cielo. Y de entre esas floretas se alzaba el castillo de Atlas con todos sus ventanales, relucientes como diamantes. Nada de lo que he visto en mi vida se acerca a esta visión única, ni en la grandeza de su aspecto ni en la magia de los colores. Beckford había recurrido al castillo en los aires del nigromante Atlas de la obra de Ariosto Orlando furioso. En el año 1807 fue abolido el comercio de esclavos y en las colonias de las Indias Occidentales el precio de la caña de azúcar cayó, con lo cual los ingresos de Beckford quedaron reducidos. Ya no podrá financiar la finca, que había sido administrada con todo tipo de lujos, por lo que en 1822 la abadía tuvo que ser subastada en Christie's de Londres por la suma de 330.000 libras. El comentario de Beckford fue el siguiente: ¡Me he librado de la tumba sagrada! Cuando años más tarde la gran torre de la abadía se derrumbó, se expresó con un distanciamiento similar. Lamentó no haber podido estar presente.
  

Siete días en el mundo del arte: un análisis


El mundo del arte contemporáneo es complicado. La auténtica creación parece verse sometida a las leyes del mercado, al dinero de los grandes magnates. El arte está en manos de los elitistas. Los que manejan grandes sumas poseen el control. Diariamente nos asombramos del coste que alcanzan en las subastas las pinturas de Van Gogh, de Cézanne, de Renoir, de Picasso... o de artistas más recientes, como Andy Warhol, Francis Bacon, Lucien Freud, Jeff Koons o Damien Hirst. Cuando se proyecta una gran subasta de arte antiguo o contemporáneo, empiezan a moverse todos los engranajes de la sociedad poderosa, acaudalada, ávida de arte: salen de caza. Muchos lo consideran una inversión, otros se gastan el dinero porque pueden, para saciar su placer. Un cuadro de un artista reconocido asciende a precios desorbitados. ¿Pero qué significan cien millones de euros para alguien que posee cinco, seis o siete veces más? ¿Es lícito vender arte a estos precios? ¿Llegará a explotar la burbuja del arte contemporáneo? Llegados a este punto me pregunto: ¿se aprecia el arte o es una simple máquina de hacer dinero? ¿Cómo puede un artista llegar a ser alguien en un mundo dominado por las grandes élites? 


Si queréis obtener respuestas a estas preguntas, quizá os interesará leer Siete días en el mundo del arte, de Sarah Thorton. La autora, a través de diversos capítulos -la subasta, la crit, la feria, el premio, la revista, la visita al estudio, la Biennale-, nos ofrece un recorrido por el arte actual. Descubriremos los entresijos del mercado del arte, los esfuerzos de los artistas por abrirse camino o el funcionamiento de la crítica de arte. Es un libro basado en experiencias y entrevistas. Es ameno, directo. Para mí, sólo tiene un problema: se respira en cada página un aire pedante, de intelectualismo moderno, que me irrita. En pocas palabras: es demasiado snob. La autora se ve forzada a utilizar ese pretencioso estilo porque así es el mundo que retrata: frívolo. ¿Dónde está ese arte íntimo y delicado, la emoción de experimentar la contemplación de un cuadro? Desde luego, yo no lo veo en el mercado del arte. Para ilustrar ese concepto de grandeza y exceso en el arte que transmite Sarah Thorton en su análisis, he seleccionado algunas frases que os servirán para comprender mejor: frases sobre museos, casas de subastas, ferias de arte, galerías y artistas. Elementos que, unidos y bien coordinados, forman el conjunto del arte contemporáneo actual.

 




 
 
 

Compras literarias (5)


El tiempo pasa volando. Ni recuerdo la última vez que recopilé mis últimas compras literarias. ¡Se me han acumulado incluso las que me regalaron por Navidad! Así que creo que hace más de seis meses que no os enseño los últimos libros que han pasado a engrosar mis estanterías. Como siempre, predominan los libros de historia medieval y las novelas escritas o ambientadas en el siglo XIX. No obstante, en esta ocasión, también han tenido cabida algunos ejemplares de historia antigua. ¿Qué os parece si empezamos con una pequeña descripción de cada uno?

Buceando en el apartado de libros de temática medieval de Amazon, encontré un par de ejemplares que me llamaron mucho la atención. Las buenas críticas y, por supuesto, la sinopsis, me animaron a comprarlos. Uno de ellos se llama Painted Labyrinth, y es un pequeño librito que nos transporta al monasterio de Lindisfarne; en concreto, al mundo de uno de sus manuscritos iluminados más famosos. El manuscrito de Lindisfarne fue creado entre los siglos VII y VIII. Su estilo combina lo mejor del arte anglosajón y celta. ¡Una maravilla! Las ilustraciones a todo color nos permiten apreciar su riqueza. El otro se titula The Time Traveller's Guide to Medieval England y nos transporta a la Inglaterra del siglo XIV. Un libro que nos enseñará cómo vivían los habitantes de aquella época, cómo se vestían, qué comían... Aunque la edición, por el tipo de papel, deja un poco que desear, seguro que el interior no me defraudará.

  • Painted Labyrinth, de Michelle P. Brown: This book looks at the background and history of this breathtaking artwork and symbol of Christian faith. Both illustrated and readable, the book is divided into short sections, each examining an aspect of the Anglo-Saxon world, the heritage of the people who lived and ruled at this time, and how and why this great book was created. There is a list of suggested further reading, and a complete list of artefacts and manuscripts in the accompanying exhibition.
  • The Time Traveler's Guide to Medieval England, de Ian Mortimer: The past is a foreign country. This is your guidebook. A time machine has just transported you back into the fourteenth century. What do you see? How do you dress? How do you earn a living and how much are you paid? What sort of food will you be offered by a peasant or a monk or a lord? And more important, where will you stay? This is not your typical look at a historical period. This radical new approach shows us that the past is not just something to be studied; it is also something to be lived.


Siguiendo con la literatura medieval, voy a hablaros de dos libros más. Cuando supe que Emilio Mitre, un reconocido medievalista y catedrático de historia medieval de la Universidad Complutense de Madrid, había escrito un libro dedicado a las ciudades medievales europeas, tardé poco en comprármelo. Dentro de la historia medieval, siempre me ha gustado el tema del renacer de la ciudad a nivel cultural, económico y social. Seguro que esta síntesis será una lectura fascinante. Como ya lo es el clásico de Jesús Mestre i Godes dedicado a la herejía cátara: Los cátaros es un libro apasionante que recorre la historia de este movimiento religioso, desde su aparición en el sur de Francia hasta su disolución. Lo vi hace un par de años en la biblioteca y no dudé en cogerlo. Como me gustó mucho, y vi que existía una edición económica, me lo compré en su idioma original. Imagino que existirá alguna edición en castellano.

  • Ciudades medievales europeas, de Emilio Mitre: En el proceso de urbanización europeo, la ciudad medieval se sitúa entre dos momentos: el de la ciudad antigua grecorromana, en decadencia bajo las migraciones germánicas; y el de la ciudad moderna a la que relacionamos con la revolución industrial. Un proverbio alemán afirmaba que «el aire de la ciudad hace libre», una particular forma de juzgar lo que fue, a partir del siglo XI, un renacer de la vida ciudadana en ruptura con la tiranía feudal y en conexión con un general resurgir económico de Occidente. Lo real y lo ideal se enfrentan y se complementan, según se plantea en la presente obra.
  • Els càtars, de Jesús Mestre i Godes: El catarisme és considerat, per uns, una religió evangèlica; d'altres hi veuen una clara heretgia. Tot i que al segle XII la distinció no era gaire clara, l'Església, que s'adonava del risc que corria, no tenia dubtes. La mà dura i enèrgica d'Innocenci III va resoldre posar fi a l'heretgia i als heretges. La croada contra els albigesos destruiria de soca-rel la culta i amable societat occitana del Llenguadoc. L'enfonsament de tot un món que va arrossegar personatges tan rellevants com Pere I el Catòlic. Poc temps després, el Llenguadoc seria una part més del Regne de França.


Me encantan las ediciones de h.f.ullmann dedicadas a los grandes movimientos de la historia del arte. Profusamente ilustrados, son una maravilla visual. Y los textos o artículos que acompañan a las fotografías son también de gran calidad. De los que tienen dedicados al período medieval, me faltaba El gótico. Aunque aún no lo he leído en profundidad, sí que he dedicado algunos ratos a pasar tranquilamente sus páginas. Con este tipo de libros se disfruta, se descubre y nos llenamos de admiración por la belleza que existe en este mundo.

  • El gótico, de Rolf Toman: El periodo gótico es una de las primeras épocas en la historia del arte de las que se mantienen hasta hoy obras de todas sus expresiones: catedrales, castillos, palacios, pinturas magistrales y la mayoría de las filigranas; este volumen contiene toda la riqueza de una artesanía única. Capítulos enteros están dedicados al palacio papal en Aviñón y al esplendor gótico de la pintura en vidrio. Este libro entrega, en gran parte a través de sus elocuentes ilustraciones, una perspectiva de la diversidad artística del periodo gótico.


Chrétien de Troyes es mi escritor medieval favorito. Sus historias de caballeros nos transportan a un mundo cortés; a la cara ideal de la literatura medieval. Su Erec y Enide era el único libro que me faltaba para completar mi colección, así que decidí comprar la edición en bolsillo de Alianza, preparada por Carlos Alvar y traducida por Victoria Cirlot. No obstante, poco después de comprarla, supe que la editorial Edhasa preparaba un volumen extraordinario con todas las obras de Chrétien de Troyes. ¡Y ya está a la venta! Es una de esas ediciones que gustan como regalo, en estuche y en tapa dura. Claro que sube bastante de precio, pero a mi entender creo que vale mucho la pena. Podéis echar un vistazo a la ficha del libro en mi librería.

Dejamos momentáneamente la literatura medieval para adentrarnos en un clásico de la literatura norteamericana. ¡Nunca he leído a Jack London! Pero ahora se me presenta una buena oportunidad: a mi padre le gustó la sinopsis de El lobo de mar y le apeteció leerlo. Sin embargo, no le engancharon las primeras páginas -no es lector habitual y la letra le pareció un poco pequeña-, así que me lo cedió. ¿Vosotros qué opináis? ¿Lo habéis leído? Me he adentrado poco en las novelas de aventuras ambientadas en el mar. 

  • El lobo de mar, de Jack London: Esta novela, un clásico de la literatura norteamericana y una de las mejores novelas de aventuras de todos los tiempos, dramatiza el fortuito encuentro entre dos personajes que representan visiones opuestas de la condición humana. Humphrey van Weyden es un joven intelectual, refinado e idealista que, tras naufragar a bordo de un ferry en aguas del pacífico, es rescatado por un barco dedicado a la caza de focas y capitaneado por Wolf Larsen, el prototipo de lobo de mar, cruel, despiadado y sin escrúpulos. Sometido a su tiránica autoridad, el joven descubrirá la dureza y la impiedad de un mundo primitivo que sin embargo le ayudará a consumar su aprendizaje moral. 
  • Erec y Enide, de Chrétien de Troyes: Figura ideal del caballero, Erec queda encargado de la reina Ginebra cuando toda la corte sale a la caza del Ciervo Blanco, pero esto solo será el comienzo de una aventura en el curso de la cual conocerá a la graciosa y tierna Enide, a la que desposará. Modelo de mujer y esposa según la concepción cortesano-caballeresca, en adelante ésta lo acompañará en el resto de sus aventuras y peripecias hasta su coronación final como rey de manos del propio Arturo.


¡No os podéis imaginar cómo me gusta este libro! ¡Es una pasada! Parece estar hecho para mí. Cuando vi que lo publicaba la editorial Akal me enamoré enseguida y lo pedí como regalo de reyes. El formato es grande, en tapa dura e ilustrado. Cómo construir una catedral es un libro bonito, de esos que queda bien en la estantería; de esos que hojeas frecuentemente. Para los que queramos conocer mejor el sistema de construcción de una catedral gótica, este libro es ideal, por su amenidad y por sus dibujos bonitos y esclarecedores.

  • Cómo construir una catedral, de Malcolm Hislop: Centrado en la época dorada de la construcción de estos símbolos históricos de la fe cristiana, «Cómo construir una catedral» examina uno a uno cada elemento de la estructura, desde la planta hasta la culminación de la aguja, y explica el proceso de construcción medieval en detalle. Escrito por uno de los más prestigiosos historiadores de la arquitectura, esta obra ofrece un retrato completo y esclarecedor de la genialidad del arquitecto medieval. Explora y describe la construcción de estas obras maestras, desde la planta hasta el alzado de la aguja.



Por fin tengo una biografía interesante y completa sobre Napoleón. Jean Tulard es un gran especialista de la época napoleónica y esta biografía está considerada como un clásico. Como todos sabéis, Napoleón es una figura indispensable de nuestra historia; un personaje que hay que conocer para entender un período histórico fascinante: el que siguió a la Revolución Francesa. La edición de Crítica, a simple vista, también es muy bonita. En tapa dura con sobrecubierta y con apéndices que la complementan. Como historiadora, la encuentro adecuada para sumergirse por primera vez en la vida de Napoleón. Intuyo que será una buena lectura.

  • Napoleón, de Jean Tulard: Jean Tulard, que ha dedicado cerca de medio siglo a la investigación de la historia de Napoleón y de su época, ha sintetizado su labor en esta magistral biografía del Emperador, considerada ya como un clásico. La obra de Tulard tiene la singular característica de combinar dos enfoques distintos. Es, por una parte, una narración ágil, clara y estimulante, pensada para el lector habitual de una biografía literaria. Pero cuenta además con unos complementos que la enriquecen con todo el caudal de la erudición; y por un apartado de debates abiertos, en que se resumen las discusiones que los investigadores mantienen sobre algunos puntos de la vida y la actuación de Napoleón.


¡Seguimos con más libros de historia! Pero ahora de historia antigua de Grecia, otro período que me gusta -más que el romano-. Siempre había querido tener un amplio manual de consulta sobre esta época, pero los encontraba demasiado caros. Por suerte, la editorial Cátedra reeditó hace poco Historia de Grecia Antigua, de José María Blázquez, Raquel López Melero y Juan José Sayas, un completísimo manual que te introduce en la realidad de Grecia desde todos los ámbitos. Un tocho de 1136 páginas que todo historiador debería tener en sus estanterías. Fue mi autorregalo navideño.

  • Historia de Grecia Antigua, de Varios autores: Desde la antigüedad, la Historia de Grecia ha despertado el interés y la curiosidad por ser el alba de nuestra cultura y civilización. Las artes, las ciencias y las formas políticas han encontrado allí su origen. Este libro pretende familiarizar al lector con todas estas cuestiones e introducirle en su compleja y densa realidad. Desde la arqueología, la historia y la literatura los autores reconstruyen el pasado, desde el neolítico y Edad del Bronce hasta el triunfo de Roma en el Mediterráneo.


¿Conocéis la colección de historia de Osprey? Es garantía de calidad. Publican unos libritos temáticos muy interesantes, instructivos e ilustrados. En diciembre, entré en una pequeña librería donde tenían algunos ejemplares -de esos que venden de dos en dos, de promoción en los quioscos-, así que me los compré. ¡Tienen una pinta estupenda! Dos se ambientan en la Edad Heroica, cuando Troya y Micenas estaban en su máximo apogeo. Y los otros dos tratan temas concretos de los tiempos de Alejandro Magno.



¡Novelas! Ya tocaba algo más animado, ¿verdad? Me encanta el Cánon de Sherlock Holmes, el escrito por Arthur Conan Doyle, pero creo recordar que nunca había caído en mis manos ningún pastiche actual. Había leído buenas opiniones de La Casa de la Seda, y cuando me enteré de que lo estaban vendiendo de saldo, no dudé en comprarlo. Tenía ganas de leerlo. Y una vez leído, puedo afirmar que es un buen pastiche. Engancha, la historia es interesante y posee la esencia de los relatos originales. También está bien escrito y es ameno. Una buena lectura.

  • La Casa de la Seda, de Anthony Horowitz: En noviembre de 1890, el invierno de Londres no da tregua. Sherlock Holmes y el doctor Watson están tomando el té junto a la chimenea cuando un caballero evidentemente nervioso irrumpe en el 221B de Baker Street. Tras contarle a Holmes una desconcertante historia acerca de un individuo que le ha estado siguiendo las últimas semanas, le suplica que le ayude. Intrigados por lo que les narra ese hombre, Holmes y Watson se sumergen en una serie de extraños y siniestros eventos, que abarcan desde las calles mal iluminadas de Londres hasta los bulliciosos bajos fondos de Boston.


La versión en catalán de La casa encantada de Wilkie Collins fue un hallazgo que me costó 1€. De este autor decimonónico me encantó La dama de blanco, una novela extraordinaria de misterio y de suspense. A parte de algunos relatos suyos que tengo esparcidos en unos libros de cuentos, no he leído nada más de él. El tipo de literatura que escribe Wilkie Collins me gusta. Sé que disfrutaré leyendo esta novela.

  • La casa encantada, de Wilkie Collins: Un relato realmente inquietante, misterioso y apasionante en el que parecen intervenir fuerzas enigmáticas del Más Allá y resonar ecos ahogados de ultratumba. Se ha cometido un crimen en circunstancias harto extrañas en la Casa Encantada. Un crimen horrible cuya pista deberá el lector ir rastreando hasta el final de la obra, pero... ¿existe realmente un desenlace al misterio de la Casa Encantada?


Mi sección comiquera está demasiado abandonada últimamente. Pero bueno, siempre queda un rinconcito para mi serie preferida: Thorgal. ¡No podía ser que me faltasen los dos últimos números! Así que ahorré en otras cosas para poder comprármelos. La edición de Norma resulta cara por tan pocas páginas, pero el contenido lo compensa. 

  • Thorgal 32: La batalla de Asgard, de Rosinski e Yves Sente: Mientras Thorgal persigue a los secuestradores del joven Aniel, su hijo mayor, Jolan se apresura a superar definitivamente la adolescencia. Después de resultar vencedor en peligrosas pruebas, ahora debe llegar a los jardines del reino de Asgard para conseguir una manzana del jardín de Idun, único remedio para salvar la vida de Vylnia, la madre de Manthor. 
  • Thorgal 33: El barco espada, de Rosinski e Yves Sente: Mientras sigue intentando rescatar a su hijo Aniel , Thorgal se encontrará con unos curiosos mercaderes de los que aceptará un encargo muy particular mientras viaja en un barco espada a través de los hielos. Thorgal es el protagonista absoluto de este álbum ambientado en el clima más extremo, mientras Jolan y sus compañeros culminan los acontecimientos orquestados por Manthor .


Creación de jardines: el laberinto de Versalles


¿Quién no ha soñado alguna vez con los fabulosos jardines de Versalles? Pasearse por la Orangerie, sentir el agua que emana de las fuentes escultóricas, sentarse en un banco y contemplar los setos y las flores. Caminar hasta Le Grand Trianon y darse cuenta de la inmensidad que envuelve el palacio. Rodear el Gran Canal o detenerse, bajo un sol esplendoroso, ante la fuente de Apolo. Luis XIV, que junto a su pasión por la caza y las artes, era un enamorado de la jardinería, quiso construir en Versalles los jardines más inmensos y elegantes de toda su época. Para ello, se sirvió de los arquitectos, escultores y jardineros más prestigiosos del siglo XVII, como André Le Nôtre. Hijo de una familia de jardineros reales, trabajó durante mucho tiempo en las Tullerías -donde se alzaba uno de los palacios reales-. Cuando Luis XIV quiso construir un palacio en las afueras de París, recurrió a sus servicios. Se dice que el monarca confiaba plenamente en su jardinero real: discutía con Le Nôtre los diseños de los parterres o autorizaba el tipo de árboles que mejor quedarían en cada lugar. Luis XIV lo controlaba todo. Quería que Versalles fuera una nueva Roma. Él mismo se comparaba con Apolo, el dios del sol.

Uno de los elementos que más me ha llamado la atención de los jardines de Versalles es su laberinto. Estos días estoy sumergida en una lectura fascinante: Los jardines del Rey Sol. Luis XIV, André Le Nôtre y la creación de los jardines de Versalles, de Ian Thompson. En uno de sus capítulos se habla de la creación del Labyrinthe, construido en el bosque al sur del eje principal. También lo diseñó Le Nôtre, pero su contenido lo llevaron a cabo dos figuras literarias de gran magnitud: Charles Perrault y Jean de La Fontaine. Desgraciadamente, el laberinto, que tal y como dice el libro, era el orgullo del Rey Sol y de sus jardineros, fue reemplazado durante los primeros años del reinado de Luis XVI por el mucho menos interesante Bosquet de la Reine, que todavía pervive. No queda ningún vestigio del laberinto. Sólo podemos saber cómo era gracias a los grabados y a los textos originales de la época. ¿Queréis saber cómo estaba diseñado y qué esculturas contenía? Seguid leyendo estos párrafos que he extraído del libro.


Los laberintos eran extremadamente populares en los jardines de la Edad Media y principios del Renacimiento. Aunque a menudo simbolizaban la búsqueda religiosa o romántica, eran un divertimento que casaba a la perfección con la actitud de Luis respecto a su parque de placer, por lo que no tardó en querer construir uno. El Labyrinthe puede encontrarse en los planos de 1665, aunque los trabajos de construcción no empezaron hasta el año siguiente. Como muchas de las construcciones más destacadas de Versalles, fue fruto del trabajo en equipo. Le Nôtre, por descontado, fue el responsable del suelo y del aspecto horticultural, pero las dos figuras literarias asociadas a su contenido, Charles Perrault y el poeta Jean de La Fontaine, fueron quienes supervisaron el trabajo de veinte escultores que trabajaron en los trabajos de decoración del laberinto.

En la primera imagen podemos ver el plano del laberinto (1714). En la segunda, el pintor Jean Cotelle representa la entrada al laberinto, donde se ven las estatuas, a izquierda y derecha, de Esopo y Cupido (1688).

En 1668, La Fontaine publicó su primer volumen de versos basados en las fábulas de Esopo. Tuvieron mucho éxito y le siguieron otros volúmenes en 1678, 1685 y 1693. La Fontaine cayó en desgracia, pues se le ocurrió hablar en defensa de Fouquet, pero sus poemas parecen haber proporcionado el tema alrededor del cual se diseñaron las esculturas y las fuentes del Labyrinthe. La idea de colocar fuentes representando historias de Esopo en el laberinto de Le Nôtre probablemente fue de Charles Perrault, otro escritor recordado principalmente por su contribución a la literatura infantil. Sus Cuentos de mamá oca, de 1697, reformulan relatos folclóricos medio olvidados como El gato con botas o La bella durmiente. El rey se sentía tan orgulloso de su Labyrinthe que le encargó a Perrault que escribiese una guía para el mismo, que se publicó en la Imprimerie Royale en 1677 y 1679. Encuadernado en color rojo, con el monograma real, se guardaron las copias en la biblioteca real y se regalaban a visitantes de categoría. Perrault también escribió la siguiente descripción del Labyrinthe en 1675:

Es un bosquecillo cuadrado, con árboles jóvenes, muy tupidos y exuberantes, con una gran cantidad de senderos, que se entrecruzan con tal ingenio que nada resulta tan agradable como perderse. Al final de los senderos, y allí donde se cruzan, hay fuentes, situadas de tal modo que allí donde uno se encuentre, siempre ve tres o cuatro o incluso seis o siete a la vez.

En total había treinta y nueve fuentes en la zona que cubría el laberinto, que incorporaban unas trescientas esculturas de animales, al menos cien de las cuales lanzaban agua. Los animales estaban esculpidos en plomo, pintados con colores realistas y agrupados en torno a los estanques de piedra bajo doseles entramados. Elaborar el programa escultural, crear las esculturas, trazar los emplazamientos y los sistemas de canalización de agua fue un proceso largo, por lo que el Labyrinthe no estuvo acabado hasta 1673-1674. El agua no manaba de forma accidental, se usaba de un modo muy expresivo para animar el carácter de los animales retratados. En la entrada al Labyrinthe había dos esculturas, una de un anciano y feo Esopo, y otra de un hermoso y joven Cupido. Charles Perrault imaginó un encuentro casual entre Apolo y Cupido en los terrenos de Versalles. El joven dios se dirigiría al mayor:

Dejaré para ti toda la gloria y te permitiré que lo dirijas todo, siempre y cuando me garantices que pueda construir el Labyrinthe, que amo con pasión y que casa tanto conmigo. Pues sabes que yo mismo soy un laberinto, en el que es fácil perderse. Mi idea es crear toda una serie de fuentes allí y adornarlas con los personajes de las más ingeniosas fábulas de Esopo, con las que transmitiré lecciones y máximas para aconsejar a los amantes.

Si bien el orden y la geometría imperaban en el parque, este pasaje sugiere que el Labyrinthe se construyó según la muy diferente lógica del amor. Era un lugar donde los mortales podían perderse. El diseño del Labyrinthe no siguió los parámetros habituales, pues no tenía una meta central y permitía echar la vista atrás, pero sin lugar a dudas pretendía transmitir una eduación moral, donde los hombres y las mujeres podían caminar entre los árboles en busca de verdades ocultas.


Uno de los grupos escultóricos ilustraba la fábula de La lechuza y los pájaros. La pobre lechuza es rechazada por otros pájaros debido a su oscuro plumaje y su áspera manera de ulular, de ahí que sólo se atreva a salir por las noches. La moraleja, según Perrault, es que cualquier hombre prudente que desea pasar indemne por el laberinto del amor debe tener un lenguaje amable y vestir de forma adecuada. En la fábula Los pavos reales y el arrendajo, un desencaminado arrendajo se viste un día con las plumas que han perdido varios pavos reales. Disfrazado de esa guisa, cree que será aceptado entre ellos, pero lo que sucede es que se burlan de él y le atacan. La moraleja debía de gustarle a los cortesanos de Versalles: no tiene sentido fingir maneras galantes cuando uno no proviene de alta cuna.

Por inocuas que pudiesen parecer a primera vista las esculturas del Labyrinthe, esa arboleda para enamorados no quedaba exenta de la clase de mensajes políticos que empezaban a imperar en el resto del parque. Muchas de las fábulas representaban escenas sobre la lucha por la vida y la muerte parecidas a los combates entre animales en el parterre de agua. En Las ranas y Júpiter, la nación de las ranas le pide a Júpiter que les envíe un rey y este les envía al rey Leño, que cae con estrépito, pero después no hace nada. Las ranas se quejan y reclaman tener un monarca más activo, así que Júpiter, enfadado, les envía al rey Grulla, que se las come para desayunar, comer y cenar. La moraleja viene a decir que hay que aceptar al rey que ha tocado en suerte, porque otro podría ser mucho peor.
     

Retos literarios 2014: nos gustan los clásicos


Nunca he sido muy partidaria de los retos literarios. Soy de las que opina que cada lectura tiene su momento determinado. Escogemos un libro u otro según cómo nos sintamos aquel día. No obstante, este año he decidido crear un reto propio, y participar en otro que he visto. Un nuevo año que brinda nuevas lecturas. Y los retos están más vivos que nunca. Son muy populares. A ver qué os parece éste que os propongo. Se trata de leer un clásico del siglo XIX cada mes. Serían doce en total a vuestra elección. Sin ataduras. Cogéis el que os apetezca. Yo iré actualizando esta misma entrada cada vez que termine uno, así veréis los que he escogido. ¿Os animáis?


1. E.T.A. Hoffmann: El hombre de la arena y otras historias siniestras (1817)

E.T.A. Hoffmann es, junto a Heinrich von Kleist y Novalis, uno de los escritores del Romanticismo alemán que más me llama la atención. Su estilo irónico, satírico y profundo, le granjeó un gran éxito. Influenció a autores de la talla de Edgar Allan Poe y Téophile Gautier; y a compositores como Schumann, Wagner o Donizetti. En El hombre de la arena y otras historias siniestras se reúnen algunos de sus relatos más inquietantes y sobrenaturales. El que da nombre a la recopilación es una obra maestra de ambiente gótico y terrorífico. Un relato que se enmarcaría dentro del Romanticismo negro: algo plácido se transforma en grotesco, diabólico e intensamente psicológico. También se incluyen otros relatos de corte fantástico, como Vampirismo, El huésped siniestro, La iglesia de los jesuitas de G. o La marquesa de la Pivardière.

2. Alphonse Daudet: Tartarín de Tarascón (1871)

Alphonse Daudet fue un reconocido escritor francés, nacido en Nîmes en 1840. Su Provenza natal le inspiró un excelente conjunto de relatos, publicados en 1866 bajo el nombre de Cartas desde mi molino. Cinco años después escribió su obra más conocida: Tartarín de Tarascón. Su personaje mítico. Con una prosa irónica, caricaturesca, y llena de ternura y sencillez, Daudet nos presenta a un hombre soñador, romántico, mentiroso, cazador, deseoso de aventuras. Tartarín supone una lectura fascinante, alegre, soleada, optimista, cercana. Por suerte, he tenido la oportunidad de leer la traducción al catalán que hizo de la obra Santiago Rusiñol, escritor y pintor, amigo de Alphonse Daudet y de su hijo León. Un clásico francés de lectura imprescindible.

3. Wilkie Collins: El hotel encantado (1878)

Wilkie Collins es el maestro de la literatura de misterio decimonónica. Sabe cómo mantener el suspense hasta el final. Sus historias están bien construidas, sus personajes poseen profundidad psicológica y los ambientes de la mayoría de sus novelas son lugares con una atmósfera brumosa e inquietante. El hotel encantado, publicado en 1878, es un relato bastante corto, pero intenso, y totalmente recomendable. La acción se sitúa en Inglaterra y en un palacio veneciano convertido en hotel. Una muerte y unos extraños sucesos sobrenaturales serán los que impresionen y desconcierten a los protagonistas de esta historia. Un clásico de la literatura de fantasmas que está a la altura de las grandes novelas de Wilkie Collins.

4. Louisa May Alcott: Un cuento de enfermera (1865)

Louisa May Alcott, la autora de la célebre Mujercitas, ejerció como enfermera durante la Guerra de Secesión. Sus experiencias como enfermera las recopiló en unas cartas que más tarde publicó bajo el título de Apuntes del hospital. A partir de ahí empezó su carrera como escritora. En Un cuento de enfermera, la autora utilizó de nuevo el mismo tema para crear una historia de misterio en la que se mezclan el amor, la venganza, el odio, los celos y los engaños. Kate Snow, la protagonista, será contratada para cuidar a la hija pequeña de la familia Carruth, Elinor, que sufre una enfermedad mental hereditaria. Allí se sumergirá en una espiral de intrigas que obtendrán su resolución en un final sorprendente. Como nos cuentan en la sinopsis, esta novela de intriga cuasi policial sobre la maldición de una estirpe recuerda algunas de las mejores páginas de Wilkie Collins, las hermanas Brontë o Jane Austen. Y estoy totalmente de acuerdo.

5. Guy de Maupassant: Bel-Ami (1885)

¿Hasta dónde puede llegar nuestra ambición? Georges Duroy, el protagonista de esta historia, lo sabe muy bien: hasta la misma cima del mundo. Y eso es lo que se propone, llegar hasta la clase alta de la sociedad parisiense de finales del siglo XIX... a través de las mujeres. Sí, sabe perfectamente que es a través de las mujeres como se llega más deprisa. Partirá corazones, repartirá desprecio, abusará de la confianza de sus amigos; su vanidad le ayudará a derrumbar todos los obstáculos. Y todo ello lo conseguirá gracias a un encuentro casual con un antiguo compañero del ejército, Charles Forestier, que le sacará de su miseria para convertirlo en el brillante periodista de La Vie Française. En Bel-Ami, Guy de Maupassant ha construido una novela de lectura rápida y amena que muestra uno de los lados más despreciables del ser humano. Es inquietante, por la actualidad del tema, e indigna, por el rumbo que van tomando algunos acontecimientos. Un libro recomendable para conocer los entresijos de una clase social adinerada; pero, sobre todo, para aprender que el camino de la ambición está plagado de desdicha.

6. Alessandro Manzoni: Historia de la columna infame (1840)

La novela más famosa del milanés Alessandro Manzoni (1785-1873) fue Los novios, una obra cumbre de la literatura italiana. En un pasaje de esta novela se describe el brote de peste que asoló Milán en 1630. Manzoni investigó ese cruel episodio y descubrió un hecho sorprendente que plasmó en un librito a parte titulado Historia de la columna infame. Resulta que se acusó, sin demasiado fundamento, a varias personas de ser ungidores, es decir, de untar las paredes de las calles con una sustancia tóxica para aumentar aún más la mortalidad. El juicio no fue justo y el derecho no se aplicó como tenía que aplicarse. Los acusados sufrieron todo tipo de torturas y, uno de ellos, tuvo que ver cómo quemaban su casa y construían, en su lugar, el símbolo de su vergüenza: una columna que recordaría, durante dos siglos, los hechos ocurridos. Algunos antepasados de Manzoni recuperaron este acontecimiento para criticar el sistema establecido, pero fue el escritor milanés el que le dedicó íntegramente un libro. Esta Historia de la columna infame es apasionante, pero bastante ardua de leer. Mezclada con la narración de los hechos se hallan nociones de derecho y referencias a antiguas leyes y sucesos que hacen difícil su lectura. No es una novela; es la exposición de un caso ocurrido realmente en el siglo XVII.

7. Arthur Conan DoyleLos recuerdos del Capitán Wilkie (entre 1883 y 1898)

A Arthur Conan Doyle se le conoce principalmente por ser el creador del detective-consultor más famoso del mundo: Sherlock Holmes. Pero este médico reconvertido en escritor también fue autor de otras novelas interesantes, como Sir Nigel, Las aventuras del Brigadier Gerard o El mundo perdido, y de un sinfín de relatos. Bajo el título Los recuerdos del Capitán Wilkie se agrupan once cuentos de diversa índole que nos muestran la habilidad de Conan Doyle para inventar historias diferentes: nos traslada desde los extravagantes recuerdos de un cochero en el Londres victoriano hasta el lejano oeste, donde la codicia separará a dos buenos amigos. Como toda antología, hay relatos más amenos que otros; pero, en general, están bien escritos, nos hacen pasar un buen rato y nos muestran la otra vertiente literaria de Conan Doyle, más desconocida, pero también interesante.

8. Charlotte BrontëJane Eyre (1847)

Jane Eyre es una de las mejores novelas de la literatura universal. Es de aquellas que dejan huella en el corazón de los lectores; no sólo en los de aquella época, sino también en los de la nuestra y, con toda seguridad, en las de las generaciones venideras. Fue un éxito cuando se publicó en 1847 porque superaba los convencionalismos del género. Sus ingredientes góticos fascinaban: alusiones frecuentes a la muerte y al más allá se mezclaban con escenas de posibles apariciones. Tampoco faltaban los cielos tormentosos, los cementerios y, sobre todo, la dramática suerte de la protagonista. Jane Eyre es un drama de grandes dimensiones, absorbente y fascinante. La prosa de Charlotte Brontë nos envuelve de melancolía, pero también de esperanza y fe en la superación. Acompañad a Jane en sus desventuras. Aprended de su forma de ser, de sus pensamientos, de sus reflexiones. Dejaos rodear también por su visión del amor. Leed este clásico imprescindible de la literatura inglesa. Os encantará.

9. George Sand: Lavinia (1833)

Amandine Aurore Lucile Dupin, el verdadero nombre de George Sand, fue una gran mujer de su tiempo. Se relacionó con Franz Liszt, Delacroix y Flaubert, además de ser amante de Alfred de Musset y de Chopin. Aunque su vida amorosa era muy conocida, fue también su faceta como escritora la que le reportó un éxito inmediato en los círculos literarios. Lavinia, un pequeño relato que escribió en 1833, y que nosotros podemos leer gracias a la edición de Periférica, fue una de las primeras novelas de George Sand. En ella, la autora despliega con maestría su conocimiento de las pasiones humanas: una joven de origen portugués se reúne con su primer amor, un aristócrata inglés que la abandonó años atrás. Este reencuentro aflorará sentimientos antiguos y creará una situación inesperada en el corazón de ambos. Como nos cuentan en la sinopsis, Sand ya conocía el lenguaje del amor, sabía todo lo que encierran las declaraciones, los juramentos, las cartas, los gestos, la impaciencia, los silencios. Una historia con ingredientes universales que gustará a los que busquen una novela corta con una narración delicada ambientada en el siglo XIX.

10. Heinrich von Kleist: Michael Kohlhaas (1810)

A Heinrich von Kleist se le conoce más por su trágico suicidio que por su obra literaria. Este gran escritor del Romanticismo alemán fue un incomprendido en su época; por eso, por su escaso éxito, decidió suicidarse junto a su compañera Henriette Vogel un 21 de noviembre de 1811 a orillas del lago Wannsee. Su muerte fue la culminación de su ideario. Pero por suerte, su obra se rescató a lo largo del siglo XX. Una obra romántica, de tono trágico y melancólico. En Michael Kohlhaas, una novela ambientada en el siglo XVI, apreciamos todas estas características del período romántico, además de la lucha por el honor perdido. Michael Kohlhaas es un comerciante de caballos que, al encontrarse con una barrera que antes no existía en las cercanías de un castillo, pide permiso a su señor para franquearla. Éste, sin embargo, no le pondrá las cosas fáciles. A partir de este encuentro la vida de Kohlhaas se convierte en una vorágine infernal que acaba en tragedia. ¿Qué podíamos esperar de Heinrich von Kleist? Michael Kohlhaas es una obra dramática donde el honor y el deshonor, la justicia y la injusticia, son el tema principal. Si aún no os habéis iniciado en la magnífica prosa de Kleist, Kohlhaas es una buena opción.

11. Elizabeth Gaskell: La prima Phillis (1864) 

Una de las novelistas inglesas más famosas de la época victoriana fue Elizabeth Gaskell (1810-1865). Aunque ahora sus obras más conocidas son Norte y Sur y Cranford, escribió otras en las que también retrató la sociedad de su tiempo, como Mary Barton, Esposas e Hijas o La prima Phillis, una novela de apenas 176 páginas que retrata la vida idílica del campo. Este pequeño relato es encantador; un tesoro para los amantes de los clásicos literarios. Elizabeth Gaskell nos ofrece una prosa pausada, envuelta de calidez y bondad. Todo empieza cuando Paul Manning llega a la pequeña población de Eltham como ayudante del ingeniero del ferrocarril -un elemento que aparece constantemente en las novelas victorianas y que aquí tiene una gran importancia, principalmente por la modificación que supone en el paisaje y en las vidas de la gente de Inglaterra-. Allí conoce a unos familiares que viven en el campo, un lugar regido por la tranquilidad de las labores agrícolas. Será por su prima Phillis, una muchacha cultivada y sensible, por quien sentirá más fascinación. Este idilio campestre, sin embargo, se verá alterado por la introducción de otro personaje que provocará una situación dolorosa en el terreno del amor. Aunque la historia narrada por Gaskell propone temas universales -es una historia de amor, de iniciación y de paso a la madurez-, es su escritura la que hace de esta novela un libro especial: es sensible, sencilla, descriptiva e inteligente, reveladora del alma humana. Creo que La prima Phillis es una pequeña novelita a descubrir, que se lee en un suspiro. Aunque muchos le podrían criticar su extrema sencillez en la historia expuesta, a mí es precisamente la manera de narrar su sencillez la que me resulta agradable. ¡Os recomiendo su lectura! Espero que os guste si no la habéis leído.

12. Margaret Oliphant: La puerta abierta (1882)

El último libro de mi reto de clásicos es un relato de fantasmas. Nada menos que de Margaret Oliphant (1828-1897), una gran escritora de historias de fantasmas victorianos, admirada incluso por M.R. James.  En La puerta abierta, Margaret nos rodea de un ambiente melancólico en el que predomina la voz de un espectro escondido en las ruinas (un elemento de tradición gótica) de una antigua casa. Sería difícil describir el argumento sin desvelar alguna cosa importante de la trama. Como buen relato de terror decimonónico, pero ya con toques modernos, encontraremos lo sobrenatural que afecta a todos los personajes, el estremecimiento de lo desconocido y la ambientación romántica y nocturna. Una historia digna de ser leída y descubierta por su bonita prosa y su acertada descripción de los acontecimientos. Sobrecogedora y sentimental.




El segundo reto también es interesante y fácil de cumplir. Lo he visto en Gecko Books y se trata de sumergirse en la literatura rusa. Hay tres tipos de modalidades: la fácil, leer hasta tres libros; la moderada, leer hasta seis libros; y la difícil, leer más de seis libros. La literatura rusa es un gran tema que tengo pendiente. ¡Al menos ahora, con este desafío, podré obligarme a darle una oportunidad! Es asequible y seguro que nos brindará muchas horas de diversión. Yo, sin duda, empezaré por los grandes clásicos. ¡Animaros también a participar!


¡Qué lástima! ¡Sin cumplir!

Dante Gabriel Rossetti: poemas


El año pasado tuve ganas de sumergirme en la poesía de Dante Gabriel Rossetti, poeta y pintor fundador de la Hermandad Prerrafaelita. Así que fui a la biblioteca y encontré una edición bilingüe publicada por la editorial Hiperión titulada La casa de la vida, que reúne una serie de sonetos bellísimos que plasman sus experiencias amorosas con Elizabeth Siddal y Jane Morris. Estos poemas tienen un tema central: el desarrollo entre el amor físico y la adoración espiritual de la mujer amada. Para Rossetti, el ideal del amor consistía en la armonía y el buen acuerdo de la pasión física con las afinidades intelectuales y espirituales entre los dos amantes. El amor sería como un ideal totalizador que absorbe y reúne todo en sí. Este planteamiento puede verse en los poemas que os adjunto, como Luna llena de gracia, donde la figura de la amada es tan intensa que consume totalmente las penas que invaden al poeta. O Venus Victrix, donde la compara con las diosas que habitan el Olimpo.

Al final de su vida, sin embargo, Rossetti se obsesiona. Una obsesión entre el amor y la muerte que también se refleja en sus poemas. Desgajados evidencia esa sensación: la separación de los dos amantes provoca un sentimiento negativo y grave. Moribundo y enfermo de amor, desconsolado y en soledad, regresan sus temores, sus fantasmas y el miedo por la cercanía de la muerte. Si os gusta la poesía, y sobre todo los pintores prerrafaelitas, os recomiendo la lectura de los poemas de Dante Gabriel Rossetti. Aquí podréis leer algunos de los que he seleccionado. Tan sólo tenéis que pulsar sobre ellos para verlos mejor. Además, si no conocéis a este fascinante artista, os he traído también una pequeña biografía extraída del siempre útil Diccionario de arte de Ian Chilvers.

Pintor y poeta inglés. Procedía de una familia ilustre y de talento; su padre era un patriota italiano exiliado, un erudito especializado en Dante, y su hermana, la poetisa Christina Rossetti (1830-1894). Creció en un ambiente modesto pero culto y literario por lo que inicialmente se movió entre la poesía y la pintura. Aunque la pintura se convirtió en su profesión, continuó componiendo poesía e hizo traducciones del italiano, consiguiendo una posición destacada como figura literaria. En 1848 formó la Hermandad Prerrafaelista con Hunt, Millais y otros. Su Niñez de la Virgen María (1849), el primer cuadro que se exhibió llevando las iniciales de la Hermandad, fue calurosamente elogiado y se vendió bien, pero los insultos posteriores que recibieron los prerrafaelistas le hicieron tanto daño que sólo en raras ocasiones volvió a exponer en público. En la década de 1850, prácticamente renunció al óleo y se dedicó a pintar acuarelas de temas medievales. Éstas pronto encontraron compradores (muchas veces presentados por Ruskin, a quien Rossetti conoció en 1854); y en la década de 1860 estaba ganando la muy sustanciosa suma de tres mil libras anuales. En 1860 se casó con la hermosa pero enfermiza Elizabeth Siddal, la arquetípica maravilla prerrafaelista. Su melancólico rostro obsesionó su imaginación, y retrató a Guggums (que así la llamaba) una y otra vez. Rossetti la inmortalizó sobre todo en dibujos, pues a pesar del aborrecimiento que sentía hacia la disciplina académica, que le hacía desdeñar el mundo del arte oficial, era un destacado dibujante. Elizabeth murió a consecuencia de una sobredosis de láudano, posiblemente premeditada, en 1862, y Rossetti quedó desolado; como un gesto de su pena hizo colocar en el ataúd el único manuscrito completo de sus poemas, pero en 1869 le convencieron de que lo exhumara y se publicaron el año siguiente. 

Rossetti pintó también el intensamente espiritual Beata Beatrix en recuerdo de Elizabeth, expresando su amor como paralelo al de Dante por Beatriz. En la época de la muerte de Elizabeth, Rossetti había vuelto a la pintura al óleo, y en las dos últimas décadas de su vida el tema de sus cuadros se limitó casi exclusivamente a mujeres hermosas, retratadas en un estilo muy sensual que a menudo evocaba referencias literarias o mitológicas. Elizabeth fue sustituida como modelo favorita por la mujer de William Morris, Janey, que se convirtió en los cuadros de Rossetti en una de las femmes fatales arquetípicas, con sus rizos en cascada, gesto enfurruñado y mirada provocativa. Rossetti había conocido a Morris y a Burne-Jones en 1856 y se asoció con ellos en 1861 (en la firma de artes decorativas conocida más adelante como Morris & Co.), pero las relaciones se volvieron tensas, y su amistad terminó en rencor en 1875. En sus últimos años, Rossetti se convirtió en un excéntrico recluido; sostuvo una batalla infructuosa contra las drogas y el alcohol, y murió paralizado y prematuramente envejecido. Rossetti fue una personalidad dominante y su obra ejerció una gran influencia; su medievalismo romántico inspiró la segunda ola de Prerrafaelismo asociada a Burne-Jones y otros seguidores, y sus femmes fatales atrajeron a los simbolistas; tuvo una legión de descendientes con motivo del gusto finisecular por lo decadente.







Compras literarias (4)


¡Aquí tenéis una nueva tanda de compras literarias! La última la recopilé a finales de abril. En estos tres últimos meses no es que haya comprado demasiado. Últimamente me contengo mucho porque quiero rebajar mi pila de libros pendientes. Lo que me sorprende es que la mayoría son de segunda mano. Manías que tengo: me gusta tener los libros nuevos. Pero en esta ocasión, encontré algunos que me llamaron la atención en un local que se dedica a recoger todo tipo de objetos donados. Los beneficios los destinan a la perrera de mi ciudad. Y por tan sólo 2€ contribuyes a una buena causa. Así que, sin más dilación, empezamos con el repaso: primero, El Gatopardo. Hacía mucho tiempo que tenía ganas de leerlo, desde que vi la magnífica adaptación que hizo de ella Luchino Visconti. Por eso, y por el tema que trata -la unificación de Italia en el siglo XIX siempre me ha llamado la atención-, me pareció un clásico de lectura imprescindible.
  • El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: Cuando, poco antes de la unificación de Italia, los camisas rojas de Garibaldi se adueñan de Sicilia, la incertidumbre se abate sobre las clases privilegiadas que tradicionalmente han regido la vida de la isla, anclada en un sueño de siglos. Representante de una aristocracia a punto de agotarse, el príncipe Fabrizio Salina, inolvidable figura en torno a la cual gira toda la novela, comprende que ha llegado el final del mundo al que pertenece –el de los viejos palacios, los criados, las rentas, las fincas– en favor de otro nuevo, marcado por nuevos valores y por el ascenso de nuevos ricos de origen plebeyo. 


Otro autor imprescindible en mi biblioteca personal es Robert E. Howard, el autor de Conan el Bárbaro. Cuando vi esta edición de la antigua colección de fantasía de Martínez Roca, no dudé en comprarlo. Claro que hay otra edición mucho más atractiva, publicada en tapa dura por Valdemar, pero también es más cara. Además, esta portada tan estupenda de Frank Frazetta la hace tremendamente irresistible.
  • Gusanos de la tierra, de Robert E. Howard: Gusanos de la tierra reúne todo el conjunto de relatos que dedicó Howard al personaje de Bran mak Morn, incluyendo una introducción del autor en la que explica la elaboración de los cuentos más famosos del volumen, publicados originalmente en la mítica Weird Tales a finales de los años veinte y principio de los treinta, antes de que se quitara la vida trágicamente. El conjunto es de lo mejor que puede encontrarse en Howard, con la fuerza épica que le ha hecho famosos en su mayor grado.


Ahora llegamos a mi pasión literaria de este año: la serie de novelas sobre el detective Aurelio Zen creado por Michael Dibdin. No puedo ser objetiva. A este autor lo conocí gracias a la adaptación que hizo la BBC de las tres primeras novelas: Vendetta, Cabal y Ratking. Tres capítulos magistrales protagonizados por Rufus Sewell y Caterina Murino. Os garantizo que, al menos las cuatro primeras novelas de la serie, que son las que he leído hasta ahora, son obras maestras del género negro. Y lo curioso -o, más bien dicho, extraño e incomprensible- es que apenas es conocido en nuestro país. A duras penas se encuentran ejemplares en las bibliotecas. Tampoco están todas sus novelas traducidas al castellano. ¿Por qué dejar a medias una serie tan bien narrada, interesante y atractiva? Por eso, tuve que comprar una edición en inglés, de segunda mano -tirada de precio-, que recopila las tres primeras novelas.

Aunque os extrañe, porque siempre suelo leer clásicos, la novela negra es un género que me llama mucho la atención, desde siempre. Empecé con los relatos de Sherlock Holmes, otra de mis pasiones, y muy poco a poco he ido leyendo cosas más actuales. No soy ni mucho menos una experta, pero disfruto, de vez en cuando, cuando cae un libro de este tipo entre mis manos. 
  • Zen, de Michael Dibdin: Este libro recoge los tres primeros volúmenes de la serie del detective italiano Aurelio Zen. A principios de los años ochenta, trabajando en Perugia como profesor de inglés, Dibdin concibió el personaje del comisario Aurelio Zen, que debutó en 1988 con Nido de ratas. Con el tiempo, Zen se transformaría en un policía trashumante, que se traslada de su Venecia natal a Roma, Cerdeña, Sicilia, Florencia o el Piamonte. Se trata de un comisario gris y analítico, que conserva la capacidad de asombrarse ante la habilidad de algunos italianos para la corrupción, la burocracia o la política venal.


Más libros de segunda mano. En este caso, de temática medieval. Me pareció curioso: Cuentos de la Edad Media lo descubrí recientemente porque la editorial Castalia se decidió a reeditarlo. Pocos días después, me topé con la edición antigua por, si no recuerdo mal, 3€. No sé cuándo lo leeré, pero es de esos libros que me gusta conservar en mi estantería para cuando, con el tiempo, me apetezca leerlo o consultarlo. 
  • Cuentos de la Edad Media, de Varios autores: El cuento es uno de los géneros literarios de mayor difusión en la Edad Media. Dos son las fuentes de las que dimana la herencia cuentística hispánica: la de las colecciones de cuentos orientales y la de los llamados «exempla», o ejemplos, es decir, los cuentos de la Europa cristiana. En esta antología ofrecemos una amplia muestra de las variadas e importantes colecciones de cuentos: «Sendebar o libro de los engaños», «Calila e Dimna», «Libro de Buen Amor», «El conde Lucanor», «Libro del caballero Zifar», y otros tantos.


Últimamente ha vuelto a crecer de manera considerable mi interés por los cátaros. Prueba de ello es una de las últimas entradas que publiqué sobre cocina cátara a raíz de la presentación del libro La cuina al temps dels bons homes, a la que asistí hace poco. Por supuesto, tuve que comprar el libro porque, como os dije, me pareció interesantísimo y muy original. Está escrito en catalán y en francés, pero con un apartado en castellano. De momento, sólo he probado la empanada de atún, el plato estrella de los cátaros. A ver si me animo y cocino más recetas de inspiración medieval.

Cuando el verano pasado hice una escapada al sur de Francia para visitar los castillos cátaros Quéribus y Peyrepertuse, fui a la biblioteca a buscar alguna guía que me ayudara a planear la excursión. Volví con dos o tres libros relacionados con el catarismo y con una guía de viaje: Una escapada al país dels càtars, del historiador Antoni Dalmau. Es un libro bastante simple, pero muy adecuado para recopilar algunas ideas. Pues hace unas tres semanas me lo encontré por 2€ y, claro, me hizo ilusión comprarlo.
  • Una escapada al país dels càtars, d'Antoni Dalmau: El catarisme continua sent, sense cap mena de dubte, un tema que desperta un gran interès. Aquesta guia, escrita per un expert coneixedor del Llenguadoc i de la història dels bons homes, ha estat pensada per a aquells viatgers que no disposen de gaire temps i que, tanmateix, volen conèixer els territoris on la coneguda heretgia medieval va arrelar amb més profunditat. El llibre ofereix, en realitat, dues escapades de quatre dies cadascuna, la primera pels castells medievals de les Corberes i la ciutat de Carcassona i l'altra per Tolosa i el seu entorn.
  • La cuina al temps dels bons homes, de Karina Behar i Toni Massanés: El que ara mateix teniu a les mans és un petit tast de la cuina al país dels càtars. Una cuina de gran riquesa de gustos, aromes i d'ingredients, des dels més simples fins als més refinats. Us convidem amb aquest receptari a conèixer la cuina medieval de Catalunya i Occitània, i a interessar-vos per una de les expressions de vida d'aquesta cultura perseguida que va expandir-se a banda i banda dels Pirineus i que, en certa manera, explica les arrels de la cuina catalana actual.



Finalmente, compré un par de libros más de cocina, publicados por Susaeta. La pasta y la comida italiana me gusta mucho, pero me faltaba tener recopiladas algunas de las recetas más conocidas. Tanto el de Pasta clásica como el de Cocina tradicional italiana me parecen muy buenos. Sobre todo el de las recetas tradicionales de la abuela. No me lo esperaba tan bonito. Tiene un montón de páginas, de papel reciclado, y nos sitúa cada receta en su región de origen y la transcripción al italiano, tal y como podéis ver en la imagen. A mí me parece que tiene un diseño muy atractivo. Así que... ¡a cocinar y buen provecho!