Cátaros: La Iglesia de las mujeres


Cuando estuve hablando hace poco sobre las herejías medievales, prometí subir un artículo sobre las mujeres cátaras, publicado en la revista Historia de National Geographic, número 92. Este artículo, escrito por Pilar Jiménez Sánchez, hace un breve repaso por el catarismo entre las mujeres: qué supuso esta herejía para las buenas mujeres, cómo se ordenaban, qué tareas realizaban, a qué se comprometían, y qué las diferenciaba de los buenos hombres. Un artículo interesante que espero que os guste tanto como a mí. Pulsad en cada imagen para leerlo mejor:








El Duelo, de Joseph Conrad


Ya está disponible en La Espada en la Tinta mi nueva reseña. Se trata de El Duelo, una novela de Joseph Conrad que retrata, con gran maestría, el enfrentamiento entre dos húsares del ejército francés en tiempos de las guerras napoleónicas. 

"Napoleón I, cuya carrera militar tuvo las características de un duelo contra toda Europa, desaprobaba los duelos entre los oficiales de su ejército. El gran emperador militar no era ningún espadachín y sentía poco respeto por la tradición". Así empieza El Duelo, una maravillosa obra maestra de Joseph Conrad ambientada en la Europa de las guerras napoleónicas. Puede que os extrañe que la califique de obra maestra. Para mí lo es, sin ninguna duda. Quizá sea mi admiración por ese período de la historia lo que hace que encuentre en esta deliciosa narración un pequeño tesoro -o grande, según cómo se mire- de la narrativa inglesa. No obstante, el escenario es un mero telón de fondo. Aquí lo que importa es el mensaje que nos acaban transmitiendo los dos protagonistas, que no es otro que la inutilidad de prolongar un conflicto en el que está en juego el honor, un bien demasiado preciado por los hombres. Conservar el honor ha sido, desde tiempos muy antiguos, una prioridad que ha llevado a la humanidad a enfrentarse entre sí. El Duelo es una buena muestra de ello.

Gustave Caillebotte


Del grupo de los pintores impresionistas, Gustave Caillebotte era el que menos me llamaba la atención. No sabría deciros por qué. Quizá fuera porque no me había preocupado nunca de observar con detenimiento ninguna de sus obras. Conocía la importancia de Los acuchilladores de parqué, por lo revolucionario del tema -la pintura fue rechazada en el Salón de París de 1875 por indigna y vulgar-, pero no le encontraba nada especial. Sin embargo, con el paso del tiempo, y a raíz de mi creciente interés por los impresionistas, le he ido cogiendo el gusto. Ahora me parece un pintor excelente. Una de las cosas que más me gustan de él, a parte de los temas que trata, es la inusual perspectiva escogida en la mayoría de sus pinturas. Podréis observarlo vosotros mismos en los ejemplos que he seleccionado. Gustave Caillebotte, al igual que sus compañeros impresionistas, retrató la vida urbana y campestre de París y de sus alrededores, como Argenteuil o Trouville. Para conocer un poco más sobre su obra, os dejo con un pequeño resumen extraído del siempre útil Diccionario de arte, de Ian Chilvers.

Pintor y coleccionista francés. Arquitecto naval de profesión, fue también un prolífico pintor de temas contemporáneos, vistas urbanas y campestres, bodegones y barcos. Participó en cinco exposiciones de los impresionistas, pero es más conocido como mecenas que como pintor, aunque su París, día lluvioso (1877) se convirtió en una obra muy apreciada y reproducida. Adquirió obras de los demás pintores impresionistas, y a su muerte legó al Estado su colección compuesta por sesenta y cinco cuadros. Contra la oposición de varios artistas académicos, representantes del gusto de la École des Beaux-Arts y del Salón oficial, y tras grandes polémicas, fueron aceptados treinta y ocho cuadros que constituyeron el núcleo del Museo de Luxemburgo. Fueron transferidas al Louvre en 1928 y actualmente se encuentran en el Museo d'Orsay.

 Autorretrato con un caballete

Boulevard Haussmann. Nieve

Calle de París, día lluvioso

Hombre joven al piano

Le pont de l'Europe

Remeros en Yerres

Remero con chistera

Richard Gallo y su perro en el Petit Gennevilliers 

Tejados nevados

 Los acuchilladores de parqué

Fruta exhibida en un puesto

Huerto con manzanos florecidos en Colombes

Acantilados en Trouville

Jardineros

Paseo en Argenteuil

Rotonda en el Boulevard Haussmann




Crisantemos blancos y amarillos
Pescando


















En el balcón, Boulevard Hausmann
Hombre en un balcón


















Pequeño ramal del Sena en Argenteuil
Naranjos o El hermano del artista en su jardín


Visita a Figueres, la ciudad de Dalí


Hacía muchos años que quería visitar Figueres, una ciudad cerca de la frontera, y a pocos kilómetros de Girona, muy conocida por haber sido el lugar de nacimiento de uno de los pintores más extravagantes de todos los tiempos: Salvador Dalí. El Teatro-Museo Dalí -una de las paradas obligatorias para los amantes de este genio artístico, junto al castillo de Púbol y Portlligat- y la fortaleza de Sant Ferran, fueron los principales motivos para emprender el viaje -o excursión- a Figueres.

 Me doy cuenta de que no tengo ninguna fotografía decente del tan conocido exterior del Teatro-Museo Dalí. Ésta está extraída de la wikipedia.

Nuestra primera parada fue el Teatro-Museo Dalí. Debo reconocer que nunca me han gustado las creaciones de Salvador Dalí. Y tampoco me gustan demasiado ahora, tras visitar el museo. Será que no las entiendo (¿habrá alguien que lo haga realmente?). Otra cosa es su personalidad. Eso sí que me parece fascinante. No me extraña en absoluto que una mente como la suya pudiera imaginar esas cosas tan delirantes, disparatadas... «surrealistas» -evidentemente-. Aquel día, el museo estaba lleno de gente. No obstante, pudimos pasear con bastante tranquilidad y apreciar -no como a mí me hubiera gustado- bien las obras que estaban expuestas.


 Entrada al Teatro-Museo Dalí

El Teatro-Museo Dalí, el objeto surrealista más grande del mundo, está situado en el edificio del antiguo Teatro Municipal, construcción del siglo XIX y que fue destruido al final de la Guerra Civil. Sobre sus ruinas, Salvador Dalí decidió crear su museo: "Dónde si no en mi ciudad ha de perdurar lo más extravagante y sólido de mi obra, dónde si no? El Teatro Municipal, lo que quedó de él, me pareció muy adecuado y por tres razones: la primera, porque soy un pintor eminentemente teatral; la segunda, porque el Teatro está justo delante de la iglesia en la que fui bautizado, y la tercera, porque fue precisamente en la sala del vestíbulo del Teatro donde expuse mi primera muestra de pintura.



El Teatro-Museo Dalí contiene un amplio abanico de obras que describen la trayectoria artística del pintor ampurdanés, desde sus primeras experiencias artísticas -impresionismo, futurismo, cubismo, etc.- y sus creaciones dentro del surrealismo, hasta las obras de los últimos años de su vida. Todo en un ambiente creado por Dalí según sus propios parámetros estéticos. Algunas de las obras más destacadas que se exponen son Port Alguer (1924), El espectro del sex-appeal (1932), Autoretrato blando con bacon frito (1941), Poesía de América-Los atletas cósmicos (1943), Galarina (1945), La cesta del pan (1945), Leda atómica (1949) y Galatea de las esferas (1952).




También hay que destacar el conjunto de obras realizadas por el artista expresamente para el Teatro-Museo, como la sala Mae West, la sala Palacio del Viento, el Monumento a Francesc Pujols y el Cadillac lluvioso. También se muestran obras de obros artistas que Dalí quiso incluir en el museo: El Greco, Marià Fortuny, Modest Urgell, Ernest Meissonier, Marcel Duchamp, Wolf Vostell, Antonio Pitxot y Evarist Vallès entre otros. El Teatro-Museo Dalí hay que contemplarlo como un todo, como la gran obra de Salvador Dalí, ya que todo él fue concebido y diseñado por el artista, para ofrecer al visitante una verdadera experiencia para adentrarse en su mundo, cautivador y único.

 Sala Mae West

 Sala Palacio del Viento

Por la tarde fuimos a visitar la fortaleza de Sant Ferran, la fortaleza europea más grande del siglo XVIII. Como podréis apreciar en la fotografía aérea, el recinto se encuentra ubicado estratégicamente en un promontorio que domina todo el territorio circundante. La fortaleza es impresionante y, en mi opinión, debería ser un lugar más visitado turísticamente. No sabría deciros si fue porque hacía mal tiempo -se puso a llover cuando estábamos a punto de terminar nuestra visita-, o porque a la mayoría de la gente no le interesa este tipo de turismo cultural, pero visitamos la fortaleza absolutamente solos. En algunas ocasiones, sentí como si estuviera dentro de una novela gótica: dos personas solas, caminando por la inmensa fortaleza, derruida en su mayor parte, y a punto de llover. Fue una bonita experiencia, y una visita gratificante.

 Vista aérea de la fortaleza de Sant Ferran

Las obras fueron iniciadas el día 4 de septiembre del año 1753, siguiendo el proyecto realizado por el ingeniero general Juan Martín Zermeño. Para alzar sus grandes murallas y construir su increíble sistema defensivo exterior, se hizo preciso el trabajo diario de aproximadamente cuatro mil obreros a lo largo de trece años. Las obras de los edificios interiores se prolongaron hasta finales del siglo y algunas de ellas no llegaron a concluirse. Hasta 1792 no fue dotado de guarnición. El llamado Castillo de San Fernando de Figueres tiene un perímetro exterior, medido sobre el parapeto del camino cubierto, de 3.125 m., y uno interior, medido sobre el cordón de la muralla, de 2.100 m.  Entre el camino cubierto, dotado de traveses y amplias plazas de armas, y la propia muralla de la fortaleza, se extiende el foso que, con una superficie próxima a las 10 ha., da emplazamiento a las obras defensivas exteriores. Estas obras defensivas, conservadas intactas y en su totalidad, son: un gran hornabeque principal y otros dos menores, dos contraguardias, siete revellines -de diversos tamaños- y cinco galerías de contramina.


 

El recinto interior lo forman seis baluartes de diferente tamaño. En su espesor se encuentran ubicadas hasta un total de noventa y tres casamatas de alojamiento y de servicios para la tropa. A nivel del foso del frente Este se encuentran las caballerizas, impresionante nave de doble crujía y perfecta factura, capaz en su día de albergar 3 escuadrones de caballería, 450 plazas. El espacio interno del recinto lo ocupan nueve grandes edificios destinados a alojamiento de mandos y oficiales con sus familias y a diferentes servicios. 

Alojamientos de la tropa

El inmenso patio de armas, rodeado de los alojamientos de la tropa y de los oficiales. Nunca pongo una fotografía en la que salga mi persona, pero en esta ocasión quería mostraros -creo que se puede apreciar bastante bien- la grandeza de este patio. Una obra impresionante y digna de ver.

Patio de armas. Se puede ver la iglesia, que nunca llegó a completarse. Las columnas que debían sostener el tejado eran extraordinariamente gruesas, ya que se hicieron para aguantar bien cualquier ataque enemigo.


No cabe duda de que los siglos XVII y XVIII constituyen los siglos de oro de la ingeniería militar moderna. En aquel entonces la suerte de una campaña no se decidía en las batallas abiertas, sino por la toma o pérdida de las plazas fuertes y por ello en periodo alguno de la Historia de la Humanidad se realizaron mayores estudios ni se imaginaron mayores refinamientos aplicados tanto a la defensa como al ataque de los recintos fortificados. Paralelamente, la Monarquía española, que en aquel entonces todavía deseaba mantener un papel preponderante, se veía obligada a un constante esfuerzo militar a fin de mantener sus derechos patrimoniales sobre extensos territorios, tanto en Europa como en América. En este proceso, la ingeniería militar fue la técnica de vanguardia. 

Una de las consecuencias de la llamada Guerra de los Treinta Años fue la variación de los límites orientales entre las monarquías francesa y española. La nueva frontera, fruto del Tratado de los Pirineos (1659), retrocedía hacia el sur, dejando bajo la soberanía del rey francés los territorios catalanes situados al norte de la cordillera pirenaica y, con ellos, todo su sistema defensivo fortificado. Esta circunstancia convirtió al "Empordà" en un campo abierto de batalla durante toda la serie de conflictos que enfrentaron a las monarquías vecinas hasta bien entrado el siglo XVIII. 


Foso y murallas
Por fin, y con casi cien años de retraso, se puso remedio a la situación llevando a la práctica el proyecto de levantar una fortaleza que no tan sólo fuese un obstáculo logístico sino también capaz de dar alojamiento a una división de maniobra suficiente -infantería, caballería y artillería- para detener o al menos dificultar los intentos de invasión del país. Este fue el motivo de la construcción de la Real Plaza de Guerra de San Fernando de Figueres, que siguiendo la costumbre de la época, recibió el nombre patronímico del monarca entonces reinante, Fernando VI. El acierto y la prudencia de este monarca singular y la competencia y honradez de aquellos que gozaron de su confianza propiciaron una hábil política internacional, que dio como fruto un insólito periodo de paz y prosperidad. Jamás la Real Hacienda se había visto en tal estado de salud que le permitiese, sin quebranto, la realización de un proyecto que desembocó en la más monumental construcción de uso exclusivamente militar de su época.

Durante la Guerra de la Independencia (1808-14) y como otras plazas fuertes españolas, San Fernando fue ocupado por las tropas napoleónicas. En este período se produjo la muerte del general Álvarez de Castro, defensor de la ciudad de Girona en el horrible sitio de 1809. Este hecho, envuelto en la leyenda, ha pasado a formar parte de la memoria popular de la comarca.

Poco después de la muerte del general, en abril de 1811, San Fernando fue recuperado por las tropas de la Junta Superior del Principado, mediante un audaz golpe de mano digno del mejor film de aventuras, manteniéndose la fortaleza por espacio de cinco meses. Esta circunstancia dio lugar al único asedio sufrido por la misma. A lo largo del siglo XIX San Fernando siguió los acontecimientos políticos y sociales del país desde su papel de pequeña guarnición de provincia. En los últimos momentos de la Guerra Civil en Cataluña, San Fernando fue la sede del Gobierno de la República española. El 1 febrero de 1939 tuvo lugar en la fortaleza la última reunión en territorio español de las Cortes republicanas. Finalizada la guerra se convertió en un gran acuartelamiento y posteriormente en prisión militar. 

Patio con azulejos de influencia árabe

Las inmensas caballerizas

Información extraída de: Teatro-Museo Dalí y Les fortaleses catalanes.
               

Premio Liebster Blog


Noelia, del fantástico blog Una mujer artista, me ha regalado un premio: Liebster Blog -que en alemán significa favorito o más querido-. Sabéis que nunca suelo poner este tipo de cosas por aquí, pero me ha hecho ilusión porque es el primero que me otorgan. También creo que debo destacarlo porque lo voy a otorgar a otros blogs que, en mi opinión, se merecen un reconocimiento. Estas son las bases que hay que seguir:

 
  • Nominar a 5 blogs que NO lleguen a los 200 seguidores, pero que por su contenido merezcan un reconocimiento.
  • Luego estos blogs deben copiar y pegar el premio en su blog y enlazarlo al blog que lo otorgó.
  • Señalar tus cinco blogs preferidos con menos de 200 seguidores y dejarles un comentario en sus blogs avisándoles de que han recibido el premio.
  • Y por último, esperar que continúen la cadena y nominen a sus cinco favoritos.

Y los cinco blogs que elijo:


¡Me hubiera gustado nominar a muchos más! Perdón a los que se hayan quedado fuera. Espero que sepan que también me paso por sus blogs cuando el tiempo libre me lo permite. ¡¡Y muchas gracias, Noelia!!